‘Los sauces’ de Algernon Blackwood

Título original: The Willows

Año de Publicación: 1907

Nº de páginas: 105

Editorial: Wildside Press

El mejor cuento de terror de la literatura inglesa, de acuerdo con H.P. Lovecraft. Los Sauces conjuga todas las variantes de la narrativa de terror, y las une con algo más. Un sentido de inminencia, de tensión, de prefiguración de lo inexpresable; todos estos elementos fluyen con una naturalidad fantástica.

Otro gran acierto en mi proceso de iniciación a la literatura de terror. Este relato me ha tenido con el alma en vilo durante todo su desarrollo y en algún que otro momento posterior a la lectura.

La historia nos cuenta el viaje de dos compañeros de aventuras que recorren el Danubio en canoa. Llegados a cierto punto se topan con una zona pantanosa llena de islotes arenosos poblados de sauces, donde deciden acampar para pasar la noche. A partir de este punto el ambiente siniestro y opresivo que caracteriza la narración aumenta en cada párrafo.  El particular paisaje que los rodea acabará por convertirse en un personaje más que se integra en la acción con una fuerza desgarradora. Las descripciones de Blackwood tienen un poder de inmersión sobrecogedor que las hace uno de sus puntos fuertes. La sensación de desolación ante lo desconocido alcanza un nivel de viveza que pocos relatos consiguen.

Es imposible obviar la conexión temática que existe entre esta narración y algunas de las obras más conocidas de Lovecraft como, por ejemplo, La llamada de Cthulthu: presencias ancestrales, increíblemente poderosas y superiores al entendimiento humano que se manifiestan en el momento menos pensado y nos hacen replantearnos nuestra hegemonía en el mundo.

Te gustará si te gustó cualquier relato de H.P. Lovecraft.

Mi versión de la portada:

‘Siempre hemos vivido en el castillo’ de Shirley Jackson

Título original: We Have Always Lived in the Castle

Año de Publicación: 1962
Nº de páginas: 222

Ilustración de portada: Thomas Ott

Editorial: Penguin

«Me llamo Mary Katherine Blackwood. Tengo dieciocho años y vivo con mi hermana Constance. A menudo pienso que con un poco de suerte podría haber sido una mujer lobo, porque mis dedos medio y anular son igual de largos, pero he tenido que contentarme con lo que soy. No me gusta lavarme, ni los perros, ni el ruido. Me gusta mi hermana Constance, y Ricardo Plantagenet, y la Amanita phalloides, la oronja mortal. El resto de mi familia ha muerto.» Con estas palabras se presenta Merricat, la protagonista de Siempre hemos vivido en el castillo, que lleva una vida solitaria en una gran casa apartada del pueblo. Allí pasa las horas recluida con su bella hermana mayor y su anciano tío Julian, que va en silla de ruedas y escribe y reescribe sus memorias. La buena cocina, la jardinería y el gato Jonas concentran la atención de las jóvenes. En el hogar de los Blackwood los días discurrirían apacibles si no fuera porque los otros miembros de la familia murieron envenenados allí mismo, en el comedor, seis años atrás.

Nunca he sido una ávida lectora de historias de terror pero tras asomarme al mundo inquietante y mágico de Merricat Blackwood quizás tenga que replantearme esta tendencia. Digo terror porque así es como se cataloga esta novela en la mayoría de las librerías, pero no estamos hablando de literatura de terror al uso. No hay elementos sobrenaturales ni asesinatos macabros. La nota oscura de la historia recae la mayor parte del tiempo en la aparente normalidad con la que se desarrolla la vida de los tres personajes que habitan “el castillo” (cuatro, si contamos al gato Jonas), a pesar de las circunstancias extraordinarias y siniestras en las que se cimenta su rutina.

El personaje de Merricat tiene un poder hipnótico que atrapa desde la primera página: caprichosa, tremendamente imaginativa e inteligente, tierna y feroz a partes iguales y demasiado infantil, a veces, para lo que correspondería a sus dieciocho años. Este cóctel hace de ella una narradora genial que juega con el lector a su antojo, revelando a lo largo de la novela, con sumo cuidado, pequeñas porciones de su versión particular de la historia de los Blackwood.

Hay pocos pasajes del libro que no sean una auténtica joya en cuanto a construcción de personajes se refiere. Sobre la historia, poco más se puede decir que no estropee el placer de adentrarse en esta obra sin una impresión previa.

Te gustará si te gustaron el lado oscuro de las narraciones de H.P. Lovecraft y Algernon Blackwood y el toque infantil y mágico de la obra Roald Dahl.

Mi versión de la portada: