‘Coraline’ de Neil Gaiman

coraline

Año de publicación: 2002

Nº de páginas: 158

Editorial: Salamandra

Al día siguiente de mudarse de casa, Coraline explora las catorce puertas de su nuevo hogar. Trece se pueden abrir con normalidad, pero la decimocuarta está cerrada y tapiada. Cuando por fin consigue abrirla, Coraline se encuentra con un pasadizo secreto que la conduce a otra casa tan parecida a la suya que resulta escalofriante.
Sin embargo, hay ciertas diferencias que llaman su atención: la comida es más rica, los juguetes son tan desconocidos como maravillosos y, sobre todo, hay otra madre y otro padre que quieren que Coraline se quede con ellos, se convierta en su hija y no se marche nunca. Pronto Coraline se da cuenta de que tras los espejos, hay otros niños que han caído en la trampa. Son como almas perdidas, y ahora ella es su única esperanza de salvación. Pero para rescatarlos tendrá también que recuperar a sus verdaderos padres, y cumplir así el desafío que le permitirá volver a su vida anterior. 

Otra grata lectura gracias a la incansable pluma de Neil Gaiman. La sorpresa en este caso ha sido, después de haber visto varias veces la adaptación cinematográfica, encontrarme con una historia mucho más oscura de lo que me esperaba. La trama queda desnuda sin el maravilloso imaginario de la película y los momentos siniestros van mucho más allá. Coraline se enfrenta a situaciones difíciles completamente sola, a excepción del sarcástico gato negro que a veces la acompaña. En él vemos una figura típica de la fantasía de este autor: un ser enigmático que parece tener una comprensión mayor del mundo en el que se mueven los demás personajes y del que entra y sale a su antojo por mecanismos desconocidos.

Las figuras de los otros padres son absolutamente terroríficas, rodeadas de un tufillo macabro que nos da en la nariz desde el primer momento. A diferencia de la película, también Coraline sospecha de esta realidad paralela de manera inmediata y no consiguen engatusarla con sus regalos. El resto de personajes (el señor Bobinsky, las señoras Spink y Forcible…) aportan su granito de arena a la atmósfera reinante ya sea mediante su excentricidad o su indiferencia.

Otro elemento oscurísimo de la narración es la aparición de los tres espectros de los niños atrapados por la otra madre. La breve crónica, que arroja indicios acerca del número de años que pueden llevar encerrados, no se aligera a pesar del estilo infantil. Para culminar esta galería siniestra, tenemos la escena en el sótano del piso de al lado, cuando el otro padre, habiendo sido desechado por la otra madre y bajo el aterrador aspecto de un cadáver deforme, intenta atacar a Coraline para que no pueda cumplir sus propósitos.

– ¿De qué tamaño son las almas? –le preguntó Coraline.

La mujer se sentó ante la mesa de la cocina y se apoyó en la pared, sin decir nada. Se tocó os dientes con una larga uña pintada con esmalte carmesí, y luego dio golpecitos suaves con el dedo, “tap, tap, tap”, sobre la brillante superficie de sus ojos de botones negros.

– Muy bien –repuso Coraline-. No me lo digas. No importa. Me da igual que me ayudes o no. Todo el mundo sabe que las almas son del tamaño de un balón de playa.

Rodeado de este envoltorio de monstruo de debajo de la cama con dientes un poco más puntiagudos de lo habitual, aún podemos ver por todas partes el toque cálido de la escritura de Neil Gaiman. Nunca, ni en los momentos más comprometidos, nos deja completamente solos.

La historia habla de familia, gratitud y valentía por encima de todo. Porque aparte de ser un poco desagradecida y caprichosa a veces, Coraline es sobre todo una chica muy valiente que no se amedrenta ante nada ni nadie. El mensaje es claro: aprende a valorar lo que tienes antes de que sea demasiado tarde.

Mi versión de la portada:

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Ilustración disponible en RedBubble, Society6 y NeatoShop.

‘El libro del cementerio’ de Neil Gaiman

ellibrodelcementerio

Título original: The Graveyard Book

Año de publicación: 2009

Nº de páginas: 293

Editorial: Roca

Ilustraciones: Chris Riddell

Guiado por su instinto, un bebé escapa de la cuna en medio de la noche y logra alcanzar el cementerio más cercano a su casa. El individuo que lo persigue, cuchillo en guante, acaba de asesinar a toda su familia y está decidido a terminar con él. Pero los espectros del camposanto protegen al pequeño y acaban acogiéndolo en sus tierras. Aunque esta vez se le ha escapado, el siniestro hombre Jack no descansará hasta cumplir su misión…

Ha sido mi primer acercamiento a la obra de este autor y me ha sorprendido gratamente. Este libro me deja con muchas ganas de explorar sus trabajos más adultos.

El estilo es mágico y envolvente y, a pesar de estar dirigido a un público infantil/juvenil, es una lectura fácilmente disfrutable a cualquier edad. El singular escenario, los personajes pintorescos y la gran cantidad de diálogos hacen que el ritmo sea muy ligero. Hay un delicado equilibrio entre este ambiente amable y la historia de fondo, los orígenes de Nadie Owens, mucho más siniestros e inquietantes. Conforme el protagonista se va haciendo mayor, esta trama va adquiriendo mayor presencia. Me fascinó el contraste que marca el autor entre el mundo del cementerio, normalmente asociado al terror y la fatalidad, y el mundo exterior: el protagonista se siente protegido dentro de los límites del camposanto, mientras que lo que hay más allá de la verja le fascina y le asusta a partes iguales.

La mayoría de los personajes tienen esa cualidad caricaturesca de los cuentos pero algunos de ellos presentan rasgos más definidos que se van haciendo más complejos conforme avanza la historia. Uno de los más destacables en esta línea es Silas, el tutor de Nadie. Su aura funesta, cuya explicación llegamos a entrever en los comentarios que rondan sobre su persona, no impide que actúe como un segundo padre para el chico, aconsejándolo acertadamente las más de las veces y otras limitando su libertad para mantenerlo seguro.

Es una historia sobre la infancia, la fantasía, el paso a la adolescencia, la amistad… una combinación bastante común en libros dirigidos a esta franja de edad pero planteado de forma muy original en este caso. El hecho de que el indicativo de la madurez de Nadie Owens y el principio de una nueva etapa sea su imposibilidad para seguir viendo a sus parientes y amigos del cementerio me parece genial y un tanto triste a la vez.

Después de leerlo, escuché el audiolibro leído por el mismo Neil Gaiman y lo disfruté muchísimo. Además de mostrarnos que el autor es un gran narrador, esta experiencia sirve para valorar el trabajo de la traductora de la versión española, Mónica Faerna.

Mi versión de la portada:

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