‘Medio sol amarillo’ de Chimamanda Ngozie Adichie

Título original: Half of a Yellow Sun

Año de publicación: 2006

Nº de páginas: 544

Editorial: Mondadori

Nigeria, 1960. En un ambiente de caos total, en plena guerra civil, tres personajes atrapados en una orgía de violencia intentan buscar respuesta a unos sucesos políticos que les sobrepasan. La muerte de los seres queridos, los lazos étnicos, el trastocamiento de la moral ante el crimen y el amor en medio de la guerra, configuran las líneas maestras de este sentido relato sobre un país al borde de la locura. 

Me parece un regalo absoluto poder leer en las palabras de una autora maravillosa el relato de un acontecimiento tan relevante y que sin embargo nos queda tan lejos. Este libro es una gran ventana a una cultura diferente a la nuestra que, sin embargo, se acaba mostrando tan similar en lo esencial como cabría esperar.

Es genial la forma que tiene la autora de descubrirnos a los personajes, parte a parte, obteniendo de cada uno de ellos algo más aún cuando parecía que la imagen ya era fija. No nos cuenta: este es su pelo, así es su sonrisa, se sienta en esta postura; sino que en cambio recibimos: este es su miedo a parecer distinto, así habla cuando sabe que no lleva razón, duerme fuera porque no conoce el motivo de su enfado. Es una narración de emociones vivas, que estremece y reconforta a partes iguales.

Los tres puntos de vista sobre los que se cimenta la historia terminan por aportar objetividad a un conflicto capaz de fragmentar un país. Los avatares de la guerra se mezclan con los descubrimientos personales de la madurez, que llegan bajo muchas formas y colores para sacudir fuertemente a los personajes hasta dejarlos instalados en una extraña calma lúcida.

Es uno de esos libros que uno termina de leer con la sensación de haber conocido a alguien y haber estado hablando durante muchas horas. Un ejemplo perfecto de cómo la literatura puede pulverizar fronteras. Después de leer algunos de los relatos de Chimamanda Ngozie Adichie, esta novela viene a confirmar lo merecidísimo de los elogios que recibe su obra.

Mi versión de la portada:

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‘Una vacante imprevista’ de J.K. Rowling

Título original: The Casual Vacancy

Año de publicación: 2012

Nº de páginas: 601

Editorial: Salamandra

La historia de esta primera obra de Rowling para adultos se centra en Pagford, un imaginario pueblecito del sudoeste de Inglaterra donde la súbita muerte de un concejal desata una feroz pugna entre las fuerzas vivas del pueblo para hacerse con el puesto del fallecido, factor clave para resolver un antiguo litigio territorial.

La minuciosa descripción de las virtudes y miserias de los personajes conforman un microcosmos tan intenso como revelador de los obstáculos que lastran cualquier proyecto de convivencia, y, al mismo tiempo, dibujan un divertido y polifacético muestrario de la infinita variedad del género humano. 

Un estudio genial de personajes que conviven en el marco común de un pueblecito inglés. Aunque en un principio nos puede resultar confusa la larga sucesión de nombres y caracteres que pasan ante nuestros ojos durante los primeros capítulos, pronto empezamos a reconocer las luces y sombras que definen a cada actor y a intuir la intrincada red de relaciones que se teje entre ellos. La autora ha sabido dosificar la información para que este descubrimiento de los dobleces más profundos de cada uno se extienda prácticamente hasta el final.

Las diferentes clases sociales, convicciones políticas y hasta las creencias más íntimas quedan expuestas bajo una luz tan fuerte que a veces tenemos la sensación de aventurarnos más allá de lo que debiéramos en nuestra condición de espectadores. La muerte de Barry Fairbrother y la consiguiente pugna por su puesto vacante en el concejo municipal son solo una excusa que la autora, casi irónicamente, ha usado a modo de cimientos de esta construcción. Durante la lectura somos continuos testigos de los prejuicios, las envidias, la violencia incluso, pero también las ganas de vivir y de seguir delante de todos y cada uno de los personajes.

Es un libro con el que nos podemos sentir identificados muy probablemente en alguno de sus aspectos y que, a pesar de su seriedad, nos sacará también más de una sonrisa. Como muestra: ese momento del funeral del concejal cuando, por deseo de las chicas de su equipo de remo, suena Umbrella de Rihanna para acompañar la salida del féretro.

Los asistentes fueron saliendo lentamente de la iglesia, reprimiéndose para no caminar al ritmo de la música.

Una sorpresa muy agradable descubrir esta cara más adulta de J.K. Rowling y comprobar que sigue manteniendo su dominio de la visión global de una historia.

Mi versión de la portada:

Fragmento de una obra de David Hockney (1937 -)

‘El último encuentro’ de Sándor Márai

Título original: A gyertyák csonkig égnek

Año de publicación: 1942

Nº de páginas: 192

Editorial: Planeta

Dos hombres mayores, que de jóvenes habían sido amigos inseparables, se citan a cenar tras cuarenta años sin verse. Uno ha pasado mucho tiempo en Extremo Oriente, el otro, en cambio, ha permanecido en su propiedad, un pequeño castillo de caza en Hungría, que ha perdido el esplendor de antaño. Pero ambos han vivido a la espera de este momento, pues entre ellos se interpone un secreto de una singular fuerza. Todo converge en un duelo sin armas, aunque tal vez mucho más cruel, cuyo punto en común es el recuerdo imborrable de una mujer.

Es un libro intimista, breve, que nos deja con la sensación de haber asistido a algo tan privado y tan secreto que no deberíamos comentarlo con nadie. El reencuentro de dos amigos, cuarenta y un años después de haberse visto por última vez, nos catapulta hacia la crónica de una vida entera, de todas las dudas y los pesares que caben en ella o el tamaño desmesurado de los pocos que realmente caben.

La atmósfera en la que se desarrolla el rescate de estos recuerdos es a la vez acogedora, cálida y densa de emociones punzantes. El escenario físico parece acompañar a la conversación en todo momento, oscureciéndose cada vez más: un salón majestuoso en un viejo castillo, un apagón y las velas que se consumen poco a poco dando paso a luz de un nuevo día.

La fuerte amistad que une a los dos hombres desde su infancia, a pesar de estar lastrada con el dolor de una traición, los ha llevado a lo que ambos sabían inevitable durante todos estos años de distancia: que habrían de verse una vez más para decirse, mediante la palabra o el silencio, aquello que quedó por decir.

Y ahora tengo que decirte algo de lo que he tardado en darme cuenta, porque no me lo creía y lo negaba ante mí mismo; tengo que darte una sorpresa terrible, tengo que hacerte una revelación: tú y yo seguimos siendo amigos. Parece que ninguna fuerza exterior puede modificar las relaciones humanas. Tú has matado algo en mí, has destruido mi vida, y yo sigo siendo amigo tuyo. Y yo ahora, esta noche, estoy matando algo en ti, y luego dejaré que te marches a Londres, al trópico o al infierno, y seguirás siendo amigo mío.

La tensión aumenta página tras página de confesiones, por parte de uno vaciándose de todas las ideas que ha acumulado durante años, por parte del otro, callando y recibiéndolas sin hacer ningún juicio, dejando a su interlocutor –al lector- la libertad de interpretar si este silencio confirma o desmiente. De una forma u otra, el avance es imparable. Esta tensión que va escalando con cada nueva revelación y que culmina en la formulación de dos preguntas, se disuelve finalmente sin hacer ruido, dejando el escenario como si nunca hubiera estado presente.

A pesar de tanto tiempo de espera empleado en construir un complicado castillo de acusaciones (mientras el suyo propio se desmorona a su alrededor), la venganza del general se evapora ante un muro de certezas: han pasado demasiados años que no se pueden recuperar, ambos se encuentran cerca del final de su vida y ya no queda, después de este encuentro, mucho más que decir.

En esta lectura entrevemos ese algo mayor que cambia de forma en cada uno de nosotros pero que es común a todos los seres humanos y que es tan difícil reflejar en palabras. Una de esas obras maestras por las que hay que estar agradecidos.

Te gustará si te gustó ‘La impaciencia del corazón’ de Stefan Zweig.

Mi versión de la portada: