‘A Wrinkle in Time’ de Madeleine L’Engle

Año de publicación: 1962

Nº de páginas: 211

Editorial: Yearling Books

Título en español: Una arruga en el tiempo

It was a dark and stormy night; Meg Murry, her small brother Charles Wallace, and her mother had come down to the kitchen for a midnight snack when they were upset by the arrival of a most disturbing stranger.

“Wild nights are my glory,” the unearthly stranger told them. “I just got caught in a downdraft and blown off course. Let me be on my way. Speaking of way, by the way, there is such a thing as a tesseract”.

Meg’s father had been experimenting with this fifth dimension of time travel when he mysteriously disappeared. Now the time has come for Meg, her friend Calvin, and Charles Wallace to rescue him. But can they outwit the forces of evil they will encounter on their heart-stopping journey through space? 

Una mezcolanza de ciencia ficción y fantasía, física y cuento de hadas, que resulta ser una combinación la mar de apetecible. Teniendo como punto de partida una familia de lo más particular y un nuevo amigo al que acogen con los brazos abiertos, nos embarcamos en una aventura insólita para rescatar a Mr. Murry, el científico y padre de familia que se ha perdido en el espacio exterior.

El estilo narrativo de esta autora tiene un carácter especial: a pesar de ser un libro infantil, el lenguaje se vuelve crudo y desnudo a veces, contrarrestándolo siempre después con un nuevo soplo de fantasía. Las tres brujas, el cerebro malvado que controla a los habitantes de Camazotz, los seres peludos y tranquilos que habitan el planeta de Ixchel, el encanto magnético de Charles Wallace; todos ellos derrochan imaginación y carisma a partes iguales. La protagonista, sin embargo, es una niña insegura con problemas de atención en el colegio y un don para las matemáticas, convirtiéndose en el nexo perfecto entre lo ordinario y lo extraordinario.

Pueden dejarse ver muchas pequeñas moralejas a lo largo de la historia, pero al final no hay un mensaje claro: el relato se sostiene en la mágica combinación entre fantasía y realidad que la autora ha sabido calibrar a la perfección.

Una iniciación perfecta a la ciencia ficción para los más pequeños y un bocado literario exquisito para los adultos.

Mi versión de la portada:

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‘Tiempo de odio’, ‘Bautismo de fuego’, ‘La torre de la golondrina’ y ‘La dama del lago’ de Andrzej Sapkowski

Títulos originales: Czas pogardy; Chrzest ognia; Wieża Jaskółki; Pani Jeziora

Años de publicación: 1995; 1996; 1997; 1999

Nº de páginas: 272; 256; 336; 464

Editorial: Alamut

Ilustración de portada: Alejandro Colucci

Diseño de portada: Alejandro Terán

 

Estos últimos libros de la saga de Geralt de Rivia merece la pena leerlos y reseñarlos seguidos, ya que prácticamente no hay división marcada entre ellos ni formal ni argumentalmente.

En el desarrollo de estos volúmenes nos vemos confrontados de manera cada vez más evidente con la que parece ser una de las ideas clave de la historia: la división entre monstruo y humano (o elfo, enano, mediano…) es cada vez más difusa. La guerra entre el norte y el sur nos muestra las atrocidades de las que son capaces las personas mientras que los monstruos aparecen cada vez más humanizados. La aparición estelar del
vampiro Emiel Regis nos lo confirma. Para mí, ha sido uno de los personajes más carismáticos de la saga. La analogía que establece el autor entre el alcoholismo y su adicción a la sangre es simplemente genial.

Otro elemento a destacar es la escena de la sopa de pescado, durante la cual la pintoresca compañía del brujo (una arquera, un vampiro, un bardo y un nilfgaardiano que niega serlo) le da una lección de educación y compañerismo. En mi opinión, uno de los momentos más emblemáticos –sin dejar de lado, por supuesto, algunos de los más emotivos- de la segunda mitad de la saga. La conversación, como siempre magistral,
desnuda a los personajes creando un repentino entendimiento entre todos ellos y pasando por encima de todas sus diferencias.

Recuerdo a aquéllos que no lo recuerden que este mismo brujo Geralt, ahora armado caballero, era perseguido por los órganos de seguridad de los todos Cuatro Reinos en relación con la rebelión de los magos en la isla de Thanedd. A mí, persona inocente y limpia como una patena, se me intentaban colgar acusaciones de espionaje. A ello habría que añadir a Milva, colaboracionista con las dríadas y los Scoia’tael, mezclada, como resultó, en las matanzas de humanos en los alrededores del bosque de Brokilón. Y a eso hay que agregar a Cahir aep Ceallach, nilfgaardiano, ciudadano de una nación lo quieras o no enemiga, cuya presencia en la parte impropia no hubiera sido fácil de explicar ni de justificar. Se daba la circunstancia de que la única persona de nuestro grupo cuyo curriculum vitae no lo afeaban asuntos políticos ni criminales era un vampiro.

También tenemos en estos libros el placer de ver cómo el personaje de Yennefer se despoja cada vez más a menudo de su aura de frialdad y altivez. En ‘Tiempo de odio’ somos testigos, quizás por primera vez, del amor que realmente siente por Geralt y en ‘Bautismo de fuego’ nos deja claro que la ausencia de Ciri la hace sufrir hasta unos niveles que son difíciles de ocultar.

Cada vez es más marcado el hecho de que los libros son conscientes de sí mismos: la aparición del viejo Silbón, contando la historia del brujo a los niños del pueblo, muchos años después y con un cariz indiscutible de leyenda, nos arroja a la cara una nueva perspectiva que, después de haber estado absortos en el tiempo presente tanto tiempo, casi nos duele. Otro fragmento que contribuye a esta idea es aquel en que el arqueólogo Schliemann (esta vez la bofetada es aún más grande), encuentra los manuscritos de Jaskier muchos siglos después.

“No sabemos mucho del amor. Con el amor es como con la pera. La pera es dulce y tiene forma. Intentad definir la forma de la pera.”

Jaskier, Medio siglo de poesía

Finalmente, en ‘La dama del lago’ esta idea se desarrolla hasta sus últimas consecuencias: Ciri es la Señora del Tiempo y el Espacio y como tal puede viajar entre las diferentes dimensiones, encontrándose con los personajes, paisajes y épocas más pintorescos. La introducción de la leyenda artúrica juega también un papel importante: Nimue, una hechicera que reside en un futuro remoto, cuando las historias de Ciri y Geralt ya son leyendas antiguas, ha entendido más allá de la ficción y proporciona a Ciri una ayuda incalculable mostrándole el camino al tiempo y el espacio correctos que la llevarán a reunirse de nuevo con los suyos.

La narración de la batalla de Brenna se despliega ante nuestros ojos con una cualidad casi tangible gracias a las perspectivas de los diferentes narradores: la de un bando, la del otro, la de los que están en medio, la de los que cuidan a los heridos y la de Jarre, que escribe su crónica muchos años después.

Tras el capítulo de la batalla en el castillo de Vilgefortz, de los más conmovedores, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos cuál es el tema más esencial de toda esta serie de libros: la predestinación sólo funciona si se cree en ella y se actúa en consecuencia.

Estamos ante una historia inmensa con infinidad de personajes, todos ellos bien definidos, carismáticos a su manera, incluso aunque su aparición sea fugaz, que entretejen sus acciones en el pasado, presente y futuro, bebiendo de numerosas historias que ya conocemos. Los constantes guiños del autor a estos mundos paralelos, además de sacarnos más de una sonrisa, cobran un nuevo sentido cuando descubrimos el talento de Ciri.

Al otro lado de estas puertas –Nimue le señaló con descuido- está el laboratorio. Como se ha dicho, puedes usarlo como prefieras. Por supuesto, con la recomendable cautela. Se aconseja moderación, sobre todo si se intenta obligar a una escoba a traer agua.

Condwiramurs rió por cortesía, aunque la broma estaba ya muy gastada. Todas las profesoras agasajaban a sus discípulas con chistes relacionados con los míticos apuros del aprendiz de nigromante.

Otro rasgo de esta serie de libros bastante difícil de encontrar en el género fantástico es la ausencia de explicaciones encubiertas. En la obra de otros autores es bastante común encontrar diálogos en los que, convenientemente, un personaje le recuerda a otro cómo funciona tal encantamiento o cuáles son las principales fronteras. Sapkowski no necesita ese recurso para mantener nuestra atención en la trama. En muchos puntos no entendemos al completo qué está ocurriendo, especialmente durante los primeros pasajes en los que se habla de política: nos puede resultar confuso quién está en guerra con quién, quiénes son aliados y quiénes enemigos. Precisamente en esto reside parte de la maestría de esta historia: cada personaje tiene conocimiento sólo de una parte de la realidad –como en la vida misma- y el lector es, simplemente, uno más.

Ambos finales, tanto el del último libro, como el del relato que lo acompaña, nos dejan con un buen sabor de boca y con pena por no poder seguir leyendo más. La narración de la boda nos regala un último encuentro con todos los personajes, volviendo a mostrarnos de cada uno de ellos sus cualidades más entrañables. El título de este relato anexo, ‘Algo termina, algo comienza’,  es especialmente significativo. La historia ya ocurría cuando nosotros empezamos a leer y seguirá ocurriendo más allá de lo que nos está permitido conocer. No ha habido un principio ni un final sino que simplemente hemos sido testigos de algo que ocurrió, está ocurriendo y ocurrirá en otro tiempo y otro lugar.

En resumen, una serie de libros magnífica, de esas para releer a lo largo de los años, que debe ocupar un lugar destacadísimo dentro del género fantástico y que quizás aún no ha recibido toda la atención que se merece.

Mi versión de la portada:

‘La sangre de los elfos’ de Andrzej Sapkowski

Título original: Krew elfów

Año de publicación: 1994

Nº de páginas: 253

Editorial: Alamut

Ilustración de portada: Alejandro Colucci

Diseño de portada: Alejandro Terán

En verdad os digo que se acerca el tiempo de la espada y el hacha, la época de la tormenta salvaje. Se acerca el Tiempo del Invierno Blanco y de la Luz Blanca. El Tiempo de la Locura y el Tiempo del Odio, el Tiempo del Fin. El mundo morirá entre la escarcha y resucitará de nuevo junto con el nuevo sol. Resucitará de entre la Antigua Sangre, de Hen Ichaer, de la semilla sembrada. De la semilla que no germina sino que estalla en llamas. ¡Así será! ¡Contemplad las señales! Qué señales sean, yo os diré: primero se derramará sobre la tierra la sangre de los Aen Seidhe, la Sangre de los Elfos… 

En esta nueva entrega de la serie de Geralt de Rivia nos encontramos con un formato distinto. Ya no leemos una serie de relatos con una relación de tiempos y espacios más o menos aleatoria sino que la historia se desarrolla de manera prácticamente lineal y con un hilo conductor mucho más marcado. Sin embargo, no es una diferencia radical: los numerosos cambios de perspectiva y localización suavizan la transición entre los dos estilos.

Nos acercamos a ciertos personajes que hasta ahora habían permanecido en un segundo plano o de los que solo habíamos recibido impresiones fragmentadas. El retrato de Yennefer y de su relación con Ciri es uno de los pasajes más interesantes del libro. A través de él entendemos más profundamente la naturaleza de ambas y de los lazos que las unen con Geralt. También exploramos la fortaleza de los brujos, Kaer Morhen, durante el entrenamiento de Ciri y entrevemos algo más de ese misterioso proceso de transformación por el cual se llega a ser brujo. En general, es un libro más intimista que los anteriores. La atención se centra casi por completo en los vínculos emocionales de los personajes principales, con un complejo telón de fondo de intriga política y conflictos raciales.

Como siempre, los diálogos son absolutamente magistrales, hablando por sí mismos (nunca mejor dicho) sin necesidad de muchas acotaciones ni intervenciones explicativas. En este sentido, las conversaciones de Ciri con el enano Yarpen Zigrin o la de Jaskier con Dijkstra son toda una perla.

Por último y como en las anteriores partes de esta serie hay que quitarse el sombrero ante la labor de traducción de José María Faraldo, que hace un trabajo milimétrico para encontrar las palabras justas que mejor transmiten las hablas coloquiales, los juegos de palabras y los chascarrillos en nuestro propio idioma.

Mi versión de la portada: