‘The War of the Worlds’ de H.G. Wells

thewaroftheworlds

Año de publicación: 1898

Nº de páginas: 192

Editorial: Modern Library

Título en español: La guerra de los mundos

A lo largo de la poderosa escritura de Wells vemos cómo los marcianos, que arriban a la Tierra con la intención de conquistar y sojuzgar a sus habitantes, son retratados con los rasgos más característicos de sus antagonistas: los humanos. Todo el horror que es infligido a los terrícolas por unos seres repugnantes, pero más inteligentes y poseedores de una civilización superior, no es sino el horror que los humanos ocasionan al resto de las especies que comparten su estadía en la Tierra. De alguna forma los marcianos representan el rostro que se trata de ocultar de la propia Humanidad. Por eso La guerra de los mundos, junto con 1984 de Orwell —que por cierto eran contemporáneos, aunque no precisamente amigos— representan las dos alegorías más contundentes de la condición humana. Pero también es un relato épico de dimensiones titánicas, donde el lector se irá adentrando más y más en un mundo a punto de fenecer, donde su protagonista —a pesar de percibir la terrible similitud entre los dos antagonistas— jamás pierde la esperanza en la victoria de los hombres sobre los alienígenas. A fin de cuentas la existencia es una lucha continua. De una forma u otra la guerra de los mundos es impostergable. Sólo le queda al lector disfrutar el amargo cáliz de lo inevitable. 

Este libro se ha ganado el merecido reconocimiento de ser uno de los clásicos de la literatura de ciencia ficción. Sin duda, lo más sorprendente es el ejercicio visionario de Wells en numerosos aspectos. El más destacable es la tecnología y armamento marcianos de los que nos habla, cuyas características principales se vieron reflejadas en avances muy posteriores. Es muy fácil perder de vista durante la lectura que este libro vio la luz en 1898.

Perhaps I am a man of exceptional moods. I do not know how far my experience is common. At times I suffer from the strangest sense of detachment from myself and the world about me; I seem to watch it all from the outside, from somewhere inconceivably remote, out of time, out of space, out of the stress and tragedy of it all. This feeling was very strong upon me that night. Here was another side to my dream.

La compresión paulatina por parte del narrador y de las personas que le rodean de que, por primera vez, el ser humano no está en la posición dominante está planteada de manera magistral. El protagonista se compara a sí mismo en su nueva situación con otros animales que, aún siendo inteligentes, no pueden entender el desarrollo de la ingeniería humana y la única opción que tienen es huir de la amenaza.

The bare idea of this is no doubt horribly repulsive to us, but at the same time I think that we should remember how carnivorous habits would seem to an intelligent rabbit.

Los esfuerzos del autor para transmitirnos los escenarios, la atrocidad y magnificencia del acontecimiento son grandiosos. A menudo desembocan en un recurso muy valioso que añade credibilidad a lo increíble: para entender el conjunto de la situación había que estar allí. Continuamente se hace referencia a personas que no han visto a los marcianos de cerca y, por tanto, no entienden la magnitud del peligro. Con un lenguaje sencillo y directo nos lleva a experimentar un torbellino de angustia e inquietud de lo más vívido.

So some respectable dodo in the Mauritius might have lorded it in his nest, and discussed the arrival of that shipful of pitiless sailors in want of animal food. “We will peck them to death tomorrow, my dear.”

Las imágenes finales de desolación y soledad de las máquinas ante la ciudad devastada, exhalando sus últimas llamadas, son muy poderosas. Consiguen incluso que lleguemos a vernos movidos por su tragedia. Sin duda, mi parte favorita de la novela.

En el epílogo, el autor nos habla de sus ideas sobre lo que esta experiencia puede suponer para la especie humana como una nueva atalaya desde la que evaluar nuestra posición y las relaciones que establecemos dentro de nuestro propio planeta.

En definitiva, una obra que, incluso vista desde de nuestra perspectiva y contando con el conocimiento que hemos adquirido durante todo este tiempo, puede resultar de rabiosa actualidad y plantear temas de debate muy interesantes que nos atañen de una forma similar más de un siglo después.

Mi versión de la portada:

thewaroftheworlds

‘El restaurante del fin del mundo’ de Douglas Adams

elrestaurantedelfindelmundo

Título original: The Restaurant at the End of the Universe

Año de publicación: 1980

Nº de páginas: 208

Editorial: Anagrama

Ilustración en portada: Julio Vivas

Armados de la Guía del autoestopista galáctico, los protagonistas del libro más divertido de la década continúan sus disparatadas aventuras, que les conducirán al asombroso Restaurante del fin del mundo. En esta segunda entrega de la trilogía de Douglas Adams (que por la magia de las paradojas espaciales permite ser leída en cualquier orden), Ford Perfect, Arthur Dent, Trillian, Zaphod Beeblebrox y Marvin, el Androide Paranoide, se enfrentan a la tetera automática de la que sólo mana un líquido asqueroso, al planeta condenado porque sus habitantes se empeñaron en tener más zapaterías de la cuenta, a un olvidado transporte espacial cuyos pasajeros, debido a toda clase de estúpidos retrasos, llevan novecientos años esperando que la nave arranque, y luego al Restaurante del fin del mundo, situado en el momento del tiempo en el que el universo entero llega a su estrepitoso final: un inusitado número de cabaret, amenizado por la música ligera de la orquesta del restaurante.

Esta segunda parte de la serie de Douglas Adams mantiene el nivel de la primera en todos los sentidos. Desde las primeras páginas ya es difícil contener las carcajadas. Los diálogos sencillamente geniales y los personajes más disparatados que podrías imaginar hacen de este libro una lectura rapidísima y muy satisfactoria. Los continuos viajes en el tiempo y el espacio y las paradojas que derivan de ellos conducen a los protagonistas por una serie de situaciones inverosímiles y desternillantes. La Energía de Improbabilidad Infinita volverá a hacer de las suyas.

Uno de los problemas fundamentales en los viajes a través del tiempo no consiste en que uno se convierta por accidente en su propio padre o en su madre. En el hecho de convertirse en su propio padre o en su propia madres no existen problemas que una familia bien ajustada y de mentalidad abierta no pueda solucionar.

Uno de los aspectos más simpáticos de esta entrega es leer cómo el terrícola Arthur Dent encaja (o no) en todos estos mundos que le son completamente ajenos. Al pobre aún le cuesta asimilar que su planeta de origen ha dejado de existir en el tiempo presente. Mientras lo intenta se ve catapultado, junto a la pandilla más pintoresca, al borde mismo del Tiempo para presenciar el fin del Universo desde un restaurante que ofrece servicio de cena con espectáculo.

El encuentro de Zaphod Beeblebrox con su bisabuelo, que en realidad es descendiente suyo, debido aun un pequeño problemilla con un contraconceptivo y una máquina del tiempo, es memorable. La historia de los golgafrinchanos y el final en el que desemboca, volviendo a colocarnos al principio de la historia, son simplemente sublimes.

Si te gustó la primera parte de la serie, no dudes en embarcarte en esta búsqueda del hombre que rige el Universo, a quien el ex-presidente bicéfalo de la galaxia pretende sonsacar la pregunta última sobre la Vida, el Universo y Todo lo Demás.

La respuesta a la pregunta definitiva, de eso sí que podemos estar seguros, es cuarenta y dos.

Hay una teoría que afirma que si alguien descubriera lo que es exactamente el Universo y el por qué de su existencia, desaparecería al instante y sería sustituido por algo aún más extraño e inexplicable.

Hay otra teoría que afirma que eso ya ha ocurrido.

Te gustará si te gustó ‘Wilt’ de Tom Sharpe.

Mi versión de la portada:

elrestaurantedelfindelmundo400

‘El marciano’ de Andy Weir

themartian

Título original: The Martian

Año de publicación: 2011

Nº de páginas: 408

Editorial: Ediciones B

Diseño de portada: Eric White

Seis días atrás el astronauta Mark Watney se convirtió en uno de los primeros hombres en caminar por la superficie de Marte. Ahora está seguro de que será el primer hombre en morir allí. La tripulación de la nave en que viajaba se ve obligada a evacuar el planeta a causa de una tormenta de polvo, dejando atrás a Mark tras darlo por muerto. Pero él está vivo, y atrapado a millones de kilómetros de cualquier ser humano, sin posibilidad de enviar señales a la Tierra. De todos modos, si lograra establecer conexión, moriría mucho antes de que el rescate llegara.
Sin embargo, Mark no se da por vencido; armado con su ingenio, sus habilidades y sus conocimientos sobre botánica, se enfrentará a obstáculos aparentemente insuperables. Por suerte, el sentido del humor resultará ser su mayor fuente de fuerza. Obstinado en seguir con vida, incubará un plan absolutamente demencial para ponerse en contacto con la NASA.

Si no fuera por el escenario y las circunstancias insólitas, podríamos estar hablando perfectamente de una novela sobre un naufragio con un solo superviviente que acaba en una isla remota en medio del océano. Solo que en este caso, en vez de en una isla el protagonista está anclado en Marte, lo que añade cierto número de dificultades a las habituales de este género: en el planeta rojo no hay agua accesible, no hay oxígeno en el aire y no hay muchas posibilidades de que algún vehículo pase cerca de allí por casualidad.

Todo esto pone a Mark Watney al límite de su capacidad física e intelectual, lo que nos brinda uno de los mejores aspectos del libro. Cada razonamiento, ecuación, molécula o reacción son desarrollados de manera bastante detallada a la vez que comprensible. El inquebrantable sentido del humor del protagonista y un lenguaje simple y directo nos ayudan a sumergirnos de lleno en los entresijos del pensamiento científico sin perder en ningún momento la sensación de estar leyendo una novela de aventuras. El proceso de documentación detrás de la construcción de este libro ha debido ser bastante minucioso y sin duda se ve reflejado en el resultado.

La estructura en forma de diario también me parece muy acertada. El hecho de que los accidentes que sufre Mark a lo largo de la historia nos lleguen en diferido (cuando tiene tiempo de sentarse en el ordenador a actualizar su bitácora) contribuye sin duda a la credibilidad de los hechos, ya que ayuda a evitar ciertos detalles concretos que serían difíciles de explicar o justificar de forma rigurosa mediante un narrador omnisciente.

En resumen, una elección perfecta para los amantes de la ciencia ficción e incluso para aquellos que quieren adentrarse en el género. Especialmente disfrutable si se tienen unos conocimientos muy básicos de física y química o cierto interés por la planificación y desarrollo de los viajes espaciales.

Mi versión de la portada:

themartian400