‘El atlas de la nubes’ de David Mitchell

Título original: Cloud Atlas

Año de publicación: 2004

Nº de páginas: 600

Editorial: Duomo

¿Puede el amor, el poder del bien incluso en la adversidad, perdurar más allá de la vida que conocemos y prolongarse a través de siglos y lugares? Seis vidas se entrecruzan aquí de forma inesperada a fin de dibujar un mundo, profético y extraño a la vez, en el que la historia se puede reescribir. Los seis protagonistas de la novela, ajenos a la trascendencia de sus acciones, tienen un papel mucho más relevante en la posteridad de lo que pueden imaginar, en escenarios tan disímiles como un viaje por la Polinesia a bordo de un galeón en el siglo XIX, la California de los años sesenta, o una isla en un futuro postapocalíptico. Todos ellos comparten un destino común, el afán de poder que se sucede una civilización tras otra, y la búsqueda del amor como salvación.

Es el libro perfecto para los que disfrutan con un desarrollo profundo y a la vez orgánico de los personajes. El trabajo que hace el autor para caracterizar las diferentes voces en cada una de las historias es extraordinario. Cada protagonista tiene su propia firma, completamente original y sin el lastre de un estilo común. La voz de Timothy Cavendish me ha recordado mucho a las narraciones cortas de Roald Dahl. Las andanzas y reflexiones del compositor Robert Frobisher son absolutamente cautivadoras. La historia de Zachry, que en un principio nos puede parecer lejana y desconectada, nos acaba mostrando a un ser entrañable.

La original estructura del libro contribuye en gran parte a generar un efecto de extrañeza, casi de nostalgia por lo que dejamos a medias, que llega en cada punto de transición de una historia a la siguiente.

Aunque haya nexos entre las distintas narraciones, el detalle con el que estas se desarrollan en sí mismas hace que, en mi opinión, estos enlaces pasen a ser algo meramente anecdótico. La visión global, sin embargo, invita a reflexiones nada ligeras. Consigue de una forma original, casi arquitectónica, mostrarnos lo que tantas otras novelas distópicas ya señalaron antes: que nos acercamos peligrosamente a un punto de no retorno, si es que no lo hemos pasado ya, y que las consecuencias de nuestra insostenibilidad no serán agradables. El autor nos ofrece una posibilidad: todos, desde nuestro lugar en el tiempo y el espacio, podemos contribuir con nuestros actos a que el resultado sea diferente.

Es una novela estimulante, adictiva y de una calidad maravillosa. Seis relatos magníficos seccionados en dos por un espejo que refleja las mitades creando un efecto de infinito.

Mi versión de la portada:

‘La sangre de los elfos’ de Andrzej Sapkowski

Título original: Krew elfów

Año de publicación: 1994

Nº de páginas: 253

Editorial: Alamut

Ilustración de portada: Alejandro Colucci

Diseño de portada: Alejandro Terán

En verdad os digo que se acerca el tiempo de la espada y el hacha, la época de la tormenta salvaje. Se acerca el Tiempo del Invierno Blanco y de la Luz Blanca. El Tiempo de la Locura y el Tiempo del Odio, el Tiempo del Fin. El mundo morirá entre la escarcha y resucitará de nuevo junto con el nuevo sol. Resucitará de entre la Antigua Sangre, de Hen Ichaer, de la semilla sembrada. De la semilla que no germina sino que estalla en llamas. ¡Así será! ¡Contemplad las señales! Qué señales sean, yo os diré: primero se derramará sobre la tierra la sangre de los Aen Seidhe, la Sangre de los Elfos… 

En esta nueva entrega de la serie de Geralt de Rivia nos encontramos con un formato distinto. Ya no leemos una serie de relatos con una relación de tiempos y espacios más o menos aleatoria sino que la historia se desarrolla de manera prácticamente lineal y con un hilo conductor mucho más marcado. Sin embargo, no es una diferencia radical: los numerosos cambios de perspectiva y localización suavizan la transición entre los dos estilos.

Nos acercamos a ciertos personajes que hasta ahora habían permanecido en un segundo plano o de los que solo habíamos recibido impresiones fragmentadas. El retrato de Yennefer y de su relación con Ciri es uno de los pasajes más interesantes del libro. A través de él entendemos más profundamente la naturaleza de ambas y de los lazos que las unen con Geralt. También exploramos la fortaleza de los brujos, Kaer Morhen, durante el entrenamiento de Ciri y entrevemos algo más de ese misterioso proceso de transformación por el cual se llega a ser brujo. En general, es un libro más intimista que los anteriores. La atención se centra casi por completo en los vínculos emocionales de los personajes principales, con un complejo telón de fondo de intriga política y conflictos raciales.

Como siempre, los diálogos son absolutamente magistrales, hablando por sí mismos (nunca mejor dicho) sin necesidad de muchas acotaciones ni intervenciones explicativas. En este sentido, las conversaciones de Ciri con el enano Yarpen Zigrin o la de Jaskier con Dijkstra son toda una perla.

Por último y como en las anteriores partes de esta serie hay que quitarse el sombrero ante la labor de traducción de José María Faraldo, que hace un trabajo milimétrico para encontrar las palabras justas que mejor transmiten las hablas coloquiales, los juegos de palabras y los chascarrillos en nuestro propio idioma.

Mi versión de la portada:

‘Las chicas’ de Emma Cline

laschicas

Título original: The Girls

Año de publicación: 2016

Nº de páginas: 344

Editorial: Anagrama

California. Verano de 1969. Evie, una adolescente insegura y solitaria a punto de adentrarse en el incierto mundo de los adultos, se fija en un grupo de chicas en un parque: visten de un modo descuidado, van descalzas y parecen vivir felices y despreocupadas, al margen de las normas. Días después, un encuentro fortuito propiciará que una de esas chicas, –Suzanne, unos años mayor que ella,– la invite a acompañarlas. Viven en un rancho solitario y forman parte de una comuna que gira alrededor de Russell, músico frustrado, carismático, manipulador, líder, gurú.

Fascinada y perpleja, Evie se sumerge en una espiral de drogas psicodélicas y amor libre, de manipulación mental y sexual, que le hará perder el contacto con su familia y con el mundo exterior. Y la deriva de esa comuna que deviene secta dominada por una creciente paranoia desembocará en un acto de violencia bestial, extremo…

A pesar del trasfondo morboso, macabro y un tanto místico que envuelve la situación de Evie, estamos ante un relato de adolescencia en el que las preocupaciones de la protagonista tienen muchos puntos en común con cualquiera de las historias de este género. Una chica que aún no se ha encontrado dentro de sí misma se topa con una secta que temporalmente parece brindarle aquello que está buscando: la sensación de pertenecer a algo mayor y sentirse elevada por otros. Las chicas, que como bien nos adelanta el título son el eje principal de la novela, aparecen antes los ojos de Evie como seres libres y seductores. La cómoda rutina en que pasaba el tiempo con su amiga Connie de repente parece descolorida y desprovista de significado.

La autora tiene una forma especial de desgranar los hechos, fijando ciertos detalles paralelos que enriquecen la narración y la empujan a través de un filtro delicado y lánguido. Es difícil leerlo sin recordar de vez en cuando los veranos de la niñez. La descripción del marco vital de Evie, su fascinación (casi impuesta por sí misma) por el rancho, las chicas y Russell, son elementos que encajan como el mecanismo de un reloj. Todo ello nos llega narrado por una Evie adulta que parece seguir sintiéndose igual de desarraigada que entonces.

Mirando hacia atrás, casi al final de la novela, vemos confirmado cómo Suzanne parecía ser consciente de la suciedad del trato, no apto para cualquiera. De cómo, al igual que la noche fatídica cuando obligó a Evie a bajar del coche, desde un principio se percató de que el rancho no era lugar para ella.

El que llegue a este libro buscando el morbo de una historia basada en los crímenes de La Familia Manson se llevará una gran desilusión. Tan solo en un par de ocasiones vemos referencias directas a los hechos, recreados por la autora de manera muy libre. Posiblemente haya sido una decisión más comercial que otra cosa; podría desarrollarse en el marco de cualquier otra secta u organización de la época y el resultado hubiera sido similar. El peso principal no recae en los asesinatos, aunque en cierta manera la narración se haya moldeado en torno a ellos. Por el contrario, esta novela habla de la adolescencia, del ansia por encajar en alguna parte y de la confusión que es vivir a cualquier edad y en cualquier circunstancia.

Te gustará si te gustó ‘Las vírgenes suicidas’ de Jeffrey Eugenides.

Mi versión de la portada:

laschicas