‘Frankenstein’ de Mary Shelley

frankenstein

Título original: Frankenstein: or, The Modern Prometheus

Año de publicación: 1818

Nº de páginas: 315

Editorial: Ediciones B

El origen de esta novela fue un relato de fantasmas que Mary Shelley escribe durante una velada de amigos en la casa de Lord Byron. El primer impulso de su autora —que tenía dieciocho años cuando comenzó esta obra—, fue el de crear una historia aterradora, pero el proceso creativo posterior hizo de esta novela una obra cuyo hilo conductor es la profundización y el estudio del alma humana. Frankenstein o el moderno Prometeo, título completo de la novela, nos desvela los misteriosos secretos del hombre: el hombre suplantando a Dios o el hombre de aspiración divina. Pero al igual que en el mito griego, la osadía de robar y poseer el secreto de los dioses no puede quedar sin castigo. Será entonces su propia creación la encargada de martirizarle, ese buitre que da vueltas sobre su cabeza y no le abandona.

Frankenstein es un clásico en el que llevaba mucho tiempo queriendo sumergirme y he de decir que el primer chapuzón me ha fascinado. Es una obra desgarradora de principio a fin,  muy alejada del retrato que la mayoría tenemos en mente, derivado de las adaptaciones cinematográficas y la cultura pop. La criatura que protagoniza esta narración, a la que en ningún momento se le da un nombre, es un ser consciente, sensible y poseedor de una inteligencia que iguala la de su creador.

Además yo sentía cierto desprecio por la aplicación de la filosofía natural moderna. Era muy distinto cuando los maestros de la ciencia buscaban la inmortalidad y el poder; tales enfoques, si bien carentes de valor, tenían grandeza; pero ahora el panorama había cambiado. El objetivo del investigador parecía limitarse a la aniquilación de las expectativas sobre las cuales se fundaba todo mi interés por la ciencia. Se me pedía que trocara quimeras de infinita grandeza por realidades de escaso valor.

La original estructura de historia dentro de otra historia (hasta en 3 niveles distintos) nos brinda la oportunidad de escuchar la crónica de los hechos en primera persona desde diferentes perspectivas: el científico Frankenstein, la criatura creada y un observador externo e imparcial. Esto nos obliga a evaluar lo acontecido de manera mucho más concienzuda que si solo contáramos con la narración de una de las partes. La criatura consigue hacernos entender su sufrimiento ante la continua injusticia de su existencia y Víctor nos muestra con absoluta claridad cómo una fuerza paralizadora le impide llevar a cabo la única petición de su monstruo.

Aprenda de mí, si no por mis advertencias, sí al menos por mi ejemplo, lo peligroso de adquirir conocimientos; aprenda cuánto más feliz es el hombre que considera su ciudad natal el centro del universo, que aquel que aspira a una mayor grandeza de la que le permite su naturaleza.

El despertar de la criatura al mundo es, en mi opinión, uno de los pasajes más bellos del libro: la conciencia paulatina de sus propios sentidos, de los sonidos, colores y olores que lo rodean, el conocimiento de sí mismo, la calidez del fuego descubierto por azar… Esta parte de la narración, enmarcada en la única conversación que mantienen Frankenstein y el monstruo, tiene un magnetismo especial. El hecho de que Víctor tenga que alejarse tanto de la civilización para hablar con su criatura impone una distancia en la que hay espacio, incluso, para un rayo de comprensión. Esta misma distancia, recorrida en sentido inverso para reencontrarse con los suyos, anula posteriormente cualquier esperanza de acuerdo.

No he podido parar de comparar la lectura de este libro con la de Drácula. A pesar de ser tan diferentes, Frankenstein ha despertado a menudo ideas, atmósferas y sentimientos similares.

¿Por qué presume el hombre de una sensibilidad mayor a la de las bestias cuando esto sólo consigue convertirlos en seres más necesitados? Si nuestros instintos se limitaran al hambre, la ser y el deseo, seríamos casi libres. Pero nos conmueve cada viento que sopla, cada palabra al azar, cada imagen que esa misma palabra nos evoca.

La escritura de Mary Shelley es completamente envolvente y evocadora: podemos ver los bellos paisajes suizos y la agreste costa irlandesa como si estuvieran ante nuestros propios ojos. Es difícil hacerse a la idea de que una obra de tal calibre saliera de la pluma de una chica de dieciocho años. Una obra maestra con mayúsculas de la que nadie debería prescindir.

Mi versión de la portada:

frankenstein

‘Coraline’ de Neil Gaiman

coraline

Año de publicación: 2002

Nº de páginas: 158

Editorial: Salamandra

Al día siguiente de mudarse de casa, Coraline explora las catorce puertas de su nuevo hogar. Trece se pueden abrir con normalidad, pero la decimocuarta está cerrada y tapiada. Cuando por fin consigue abrirla, Coraline se encuentra con un pasadizo secreto que la conduce a otra casa tan parecida a la suya que resulta escalofriante.
Sin embargo, hay ciertas diferencias que llaman su atención: la comida es más rica, los juguetes son tan desconocidos como maravillosos y, sobre todo, hay otra madre y otro padre que quieren que Coraline se quede con ellos, se convierta en su hija y no se marche nunca. Pronto Coraline se da cuenta de que tras los espejos, hay otros niños que han caído en la trampa. Son como almas perdidas, y ahora ella es su única esperanza de salvación. Pero para rescatarlos tendrá también que recuperar a sus verdaderos padres, y cumplir así el desafío que le permitirá volver a su vida anterior. 

Otra grata lectura gracias a la incansable pluma de Neil Gaiman. La sorpresa en este caso ha sido, después de haber visto varias veces la adaptación cinematográfica, encontrarme con una historia mucho más oscura de lo que me esperaba. La trama queda desnuda sin el maravilloso imaginario de la película y los momentos siniestros van mucho más allá. Coraline se enfrenta a situaciones difíciles completamente sola, a excepción del sarcástico gato negro que a veces la acompaña. En él vemos una figura típica de la fantasía de este autor: un ser enigmático que parece tener una comprensión mayor del mundo en el que se mueven los demás personajes y del que entra y sale a su antojo por mecanismos desconocidos.

Las figuras de los otros padres son absolutamente terroríficas, rodeadas de un tufillo macabro que nos da en la nariz desde el primer momento. A diferencia de la película, también Coraline sospecha de esta realidad paralela de manera inmediata y no consiguen engatusarla con sus regalos. El resto de personajes (el señor Bobinsky, las señoras Spink y Forcible…) aportan su granito de arena a la atmósfera reinante ya sea mediante su excentricidad o su indiferencia.

Otro elemento oscurísimo de la narración es la aparición de los tres espectros de los niños atrapados por la otra madre. La breve crónica, que arroja indicios acerca del número de años que pueden llevar encerrados, no se aligera a pesar del estilo infantil. Para culminar esta galería siniestra, tenemos la escena en el sótano del piso de al lado, cuando el otro padre, habiendo sido desechado por la otra madre y bajo el aterrador aspecto de un cadáver deforme, intenta atacar a Coraline para que no pueda cumplir sus propósitos.

– ¿De qué tamaño son las almas? –le preguntó Coraline.

La mujer se sentó ante la mesa de la cocina y se apoyó en la pared, sin decir nada. Se tocó os dientes con una larga uña pintada con esmalte carmesí, y luego dio golpecitos suaves con el dedo, “tap, tap, tap”, sobre la brillante superficie de sus ojos de botones negros.

– Muy bien –repuso Coraline-. No me lo digas. No importa. Me da igual que me ayudes o no. Todo el mundo sabe que las almas son del tamaño de un balón de playa.

Rodeado de este envoltorio de monstruo de debajo de la cama con dientes un poco más puntiagudos de lo habitual, aún podemos ver por todas partes el toque cálido de la escritura de Neil Gaiman. Nunca, ni en los momentos más comprometidos, nos deja completamente solos.

La historia habla de familia, gratitud y valentía por encima de todo. Porque aparte de ser un poco desagradecida y caprichosa a veces, Coraline es sobre todo una chica muy valiente que no se amedrenta ante nada ni nadie. El mensaje es claro: aprende a valorar lo que tienes antes de que sea demasiado tarde.

Mi versión de la portada:

coraline

Ilustración disponible en RedBubble, Society6 y NeatoShop.

Mis mejores lecturas de 2016

Aunque sea lo que siempre se suele decir, 2016 ha sido para mí un año de grandes lecturas. Ya haya sido por buen ojo o por azar, de entre los 50 libros que he leído ha habido muy pocos que me hayan resultado indiferentes. Estos han sido mis favoritos, aunque la tarea de elaborar esta lista no haya sido nada sencilla:

‘El maestro y Margarita’ de Mijail Bulgákov

‘El jilguero’ de Donna Tartt

‘Nunca me abandones’ de Kazuo Ishiguro

‘Frankenstein’ de Mary Shelley

‘American Gods’ de Neil Gaiman

‘La impaciencia del corazón’ de Stefan Zweig

‘El color púrpura’ de Alice Walker

‘Matadero Cinco’ de Kurt Vonnegut

‘Expiación’ de Ian McEwan

Me ha encantado descubrir a Neil Gaiman, del cual he leído 3 libros estupendos, disfrutar de mis primeras novelas de Virginia Woolf y Donna Tartt, y seguir explorando los cuentos de Cortázar. ‘El maestro y Margarita’ me ha parecido totalmente fascinante. También hay una mención especial un tanto curiosa ya que se trata de un libro que leí el año pasado: ‘Industrias y andanzas de Alfanhuí’ de Rafael Sánchez Ferlosio me sigue acompañando como una de las mejores lecturas que recuerdo. Aprovechando la publicación de la edición ilustrada y gracias a un vihuelista del Sur, ya lo tengo conmigo y estoy disfrutando de una relectura maravillosa.

¿Habéis leído alguno de estos libros? ¿Cuáles han sido vuestros favoritos del año? Me encantará echarle un vistazo a vuestras recomendaciones 🙂