Lecturas de julio y agosto

Durante los meses de julio y agosto he terminado de leer:

‘Papá Piernaslargas’ de Jean Webster

‘La misión del bufón’ de Robin Hobb

‘Lincoln en el Bardo’ de George Saunders

‘Retrato de mi madre con perros’ de Daniel Rodríguez Barrón

‘Las hijas de otros hombres’ de Richard Stern

‘Una muñeca rusa / Un campeón desparejo’ de Adolfo Bioy Casares

‘Cuervo. Naturaleza, historia y simbolismo’ de Boria Sax

‘El núcleo del sol’ de Johanna Sinisalo

‘El mar’ de John Banville

‘La arboleda perdida’ de Rafael Alberti

 

 

Actualmente estoy leyendo:

‘Pétalo carmesí, flor blanca’ de Michel Faber

‘Aprendiz de asesino’ de Robin Hobb

‘Zona Uno’ de Colson Whitehead

‘Tríada. Memorias de Idhún’ de Laura Gallego

 

 

‘Lincoln en el Bardo’ de George Saunders

Título original: Lincoln in the Bardo

Año de publicación: 2017

Nº de páginas: 440

Editorial: Seix Barral

Febrero de 1862. En medio de la sangrienta guerra civil que divide al país en dos, el hijo de doce años del presidente Lincoln está gravemente enfermo. En cuestión de pocos días, el pequeño Willie muere y su cuerpo es trasladado hasta un cementerio en Georgetown. Los periódicos de la época recogen a un Lincoln deshecho por la pena que visita la tumba en varias ocasiones para guardar el cuerpo de su hijo.
A partir de este hecho histórico, Saunders despliega una historia inolvidable sobre el amor y la pérdida que se adentra en el territorio de lo sobrenatural, allí donde tiene cabida desde lo terrorífico hasta lo hilarante. Willie Lincoln se halla en un estado intermedio entre la vida y la muerte, el llamado Bardo según la tradición tibetana. En este limbo, donde los fantasmas se reúnen para compadecerse y reírse de lo que dejaron atrás, una lucha de dimensiones titánicas surge de lo más profundo del alma del pequeño Willie. 

En este libro he encontrado una de las estructuras y perspectivas más particulares que he leído últimamente. La premisa que nos plantea el autor se va desvelando desde las primeras páginas a través de un equilibro perfecto entre la normalidad y lo inaudito.

Gracias a las diferentes voces que componen la narración, pronto somos conscientes de la poca fiabilidad de los testimonios recogidos y de las muchas dimensiones que adquieren la vida, la muerte y todo lo que hay en medio para las distintas personas que aportan su visión, tanto en el plano de los vivos, como en el de esos otros que no tienen muy claro dónde se encuentran.

Pasó media hora más y el señor Lincoln aún no había aparecido. Si yo estuviera en su pellejo, pensé, tal vez continuaría cabalgando y ya no volvería atrás nunca, hasta encontrarme de regreso en el Oeste y llevando una vida menos importante y problemática. Después de que dieran las tres, empecé a pensar que tal vez fuera eso lo que él había hecho.

Poco a poco vamos averiguando el motivo por el cual cada uno de los habitantes del cementerio aún no ha querido o no ha sabido cómo seguir adelante y este es, en mi opinión, el eje principal del libro y el elemento que aporta más color. De un modo u otro, todos se aferran a “lo de antes” con uñas y dientes hasta que la evidencia los arrolla de lleno. A mi modo de ver, el papel que juega el hijo de Lincoln en esta transformación es quizás el hilo menos consistente, si es que se puede hablar de consistencia en el bardo/limbo. Las reflexiones del propio Abraham Lincoln acerca del dolor por la muerte de su hijo y por esas otras miles de muertes que sus propias decisiones están desencadenando tienen mucho más peso.

¿Cómo podría haber hecho otra cosa, si el tiempo solamente fluye en una dirección y yo había nacido como había nacido, con mi mal genio y mis ideas sobre la virilidad y el honor, con mi historial de que mis tres hermanos mayores casi me mataran a palizas de niño, con aquel rifle que se vería tan hermoso en mis manos y unos enemigo que parecían tan odiosos?

El planteamiento extraordinario de esta historia nos brinda la posibilidad de experimentar situaciones igualmente extraordinarias, como la capacidad de habitar el mismo espacio que otro cuerpo y escuchar, ver y sentir los pensamientos de la otra persona. Un acto íntimo, mágico y violento a partes iguales que es a su vez la herramienta perfecta para integrar en la narración el testimonio de los vivos.

Luego se puso de pie y se dirigió rápidamente hacia la puerta. […] Y se movió tan deprisa que nos atravesó antes de que pudiéramos apartarnos. […] Y volvimos a conocerlo fugazmente.

Esta lectura ha sido una grata sorpresa y, si bien no creo que sea un libro perfecto, merece mucho la pena darle una oportunidad y explorar esta idea tan fuera de lo común.

Mi versión de la portada:

Lecturas de mayo y junio

Durante los meses de mayo y junio he terminado de leer:

‘Malaherba’ de Manuel Jabois

‘La Resistencia. Memorias de Idhún’ de Laura Gallego

‘El reloj de sol’ de Shirley Jackson

‘La niña perdida’ de Elena Ferrante

‘Las deudas del cuerpo’ de Elena Ferrante

‘Sostiene Pereira’ de Antonio Tabucchi

‘2001: Una odisea espacial’ de Arthur C. Clarke

‘Los inmortales’ de Chloe Benjamin

 

 

Actualmente estoy leyendo:

‘La arboleda perdida’ de Rafael Alberti

‘El mar’ de John Banville