‘Pétalo carmesí, flor blanca’ de Michel Faber

Título original: The Crimson Petal and the White

Año de publicación: 2002

Nº de páginas: 1040

Editorial: Anagrama

Sugar tiene diecinueve años y ejerce la prostitución desde los trece, cuando su madre introdujo a uno de sus clientes en su cama. William Rackham es un caballero de treinta y un años, educado en Oxford, condenado a suceder a su padre en la industria familiar, pero que siempre ha deseado llevar una vida de goces intelectuales. Está casado con la hermosa Agnes, a la que ama, aunque ella odia el sexo y abomina de la maternidad. Y un día en que William se siente más iracundo que nunca, cae en sus manos un folleto donde recomiendan el prostíbulo de la señora Castaway, y elogian a su pupila Sugar. La jovencita seduce a William. Y él decide no compartirla con nadie, aunque tenga que optar por la empresa de su padre, y dividirse entre el pétalo carmesí y el blanco… Versión posmoderna de la novela victoriana, es también una apasionante indagación en el enigma de la femineidad.

Nada más empezar la lectura nos damos cuenta de que no será una experiencia del todo convencional. Al principio contamos con la ayuda de un narrador un tanto particular que, mediante un largo plano secuencia que parece sacado directamente del cine, destaca la información a la que deberíamos prestar atención, las caras que no deberíamos olvidar, saltándose partes de la conversación cuando no son relevantes e informándonos de ello. Esta figura se va haciendo a un lado conforme vamos conociendo más íntimamente a los personajes, para regresar solo en momentos puntuales a reconducir nuestra mirada por aquí o hacer un pequeño comentario de gracia por allá.

Anda con pies de plomo. Con los cinco sentidos: te harán falta. Esta ciudad a la que te traigo es vasta e intrincada, y no la has pisado nunca. Quizá imaginas, por otros relatos que has leído, que la conoces bien, pero aquellas historias te halagaban, te recibían como a un amigo, te trataban como si formaras parte de ellas. La verdad es que eres un forastero de una época y un lugar completamente distintos.

A lo largo de este viaje llegamos a conocer a los personajes bastante a fondo, entendiendo sus debilidades y el abismo que se abre entre su vida pública y privada, entre las palabras que salen de sus bocas y lo que realmente ocurre en sus cabezas. Para ello, el autor no explica, sino que nos muestra ambas realidades para que seamos nosotros los que les demos forma. William Rackham y Sugar se transforman por dentro a la vez que mantienen su imagen externa inicial, como las hojas de un árbol a las que se da la vuelta para mostrar el envés. Nuestra visión de ellos evoluciona de una dimensión a otra, llegando a entrever algo que está más allá de la tercera.

La novela está marcada en su totalidad por la desigualdad de género atroz de finales del XIX, en la que, sin embargo, no dejamos de ver reflejos de la que nos rodea hoy en día. Las mujeres de esta historia, en su mayor parte, se mueven por el mundo sin poder de decisión, sin voz ni voto, sujetas a la voluntad del hombre hasta en los detalles más nimios. En el caso de Sugar, la tiranía que ha sufrido desde niña a manos de su madre la lleva a pensar en William como en su llave a la libertad, aunque muy en el fondo hay una pequeña parte de ella, la Sugar escritora de heroínas justicieras, que sabe que no será así.

Como contraste a esta imagen de sumisión, tenemos al que ha sido sin duda uno de mis personajes favoritos: Emmeline Fox. En su caso, la evolución que experimenta nuestra visión de ella está exclusivamente confinada en nosotros (y quizás en el pobre Henry Rackham): al observarla en retrospectiva nos damos cuenta de que siempre fue así, una mujer con ideas propias y sin miedo al disfrute de los sentidos, aunque en un principio la metiéramos en el cajón equivocado.

Es un libro que nos desgarra sosegadamente y sin aspavientos, sin perder el tono tranquilo y sin exigirnos una reacción emocional, aunque esta nos recorra el cuerpo de manera inevitable. De esos que, a pesar de su longitud, nos dejan con ganas de más y cuyos personajes recordaremos más como alguien a quien conocimos que como alguien sobre quien leímos.

Mi versión de la portada:

‘La misión del bufón’ de Robin Hobb

Título original: Fool’s Errand

Año de publicación: 2001

Nº de páginas: 800

Editorial: Fantascy

Desde hace quince años, Traspié Hidalgo vive aislado y es dado por muerto por casi todos los que lo conocieron y lo amaron. Pero la visita inesperada del que fue su mentor lo coge desprevenido. El príncipe heredero del trono ha desaparecido y peligra la estabilidad del reino. Traspié, que posee una rara combinación de dotes mágicas, es el único capaz de localizarlo a tiempo para su ceremonia de boda y así salvar a los seis Ducados de una crisis política de proporciones incalculables.
Su investigación le llevará a viajar a otras tierras junto al Bufón, su anterior compañero de aventuras convertido en un exótico lord, su fiel lobo, Ojos de noche, y una mujer de confianza de la reina. Pero ni siquiera después de todo lo vivido, Traspié es consciente de la compleja red de traiciones que se está urdiendo, ni tampoco de que ahora, más que nunca, se pondrá a prueba la fuerza de sus lealtades.

Llegué a este libro por casualidad a través de mi biblioteca y, al empezar a leerlo y después de una visita rápida a la página de la autora en Wikipedia, me di cuenta de que era la primera entrega de una trilogía a la que precedían otras dos dentro del mismo universo, con muchos de los mismos personajes. Mi sensación de haber aterrizado en medio de una trama compleja estaba totalmente justificada, pero aún con esa falta de contexto ha sido una experiencia genial que ha tenido toda mi atención de principio a fin.

Es un libro que no tiene miedo a la exposición. Este planteamiento, que dura casi hasta la mitad, está plagado de acontecimientos que marcarán el paso de lo que ha de venir y que, junto con un estilo narrativo tan invitador, nos introducen en el mundo de Traspié como si siempre hubiéramos estado allí. Esta primera parte precisamente desarrolla uno de los rasgos que más me han llamado la atención del conjunto de la obra: la introducción de numerosos elementos de novela contemporánea en un reino de fantasía. No solo encontramos acción sino también relaciones entre personajes con un calado muy hondo, dilemas psicológicos que van más allá de lo épico y pasajes que invitan a la melancolía y la remembranza de una longitud y con un peso poco habitual en este género. Sin pasar por alto la maravilla de una amistad entre dos hombres en la que tiene cabida la vulnerabilidad más sincera.

Es imposible regresar a la infancia. Sin embargo, en ocasiones, durante un tiempo, un hombre puede volver a sentir que el mundo es un lugar compasivo y que él es inmortal. Siempre he pensado que la niñez consiste en eso mismo, en creer que los errores no tienen por qué acarrear consecuencias fatales.

Aun tratándose de fantasía con tintes medievales, se aleja diametralmente de la idea tradicional de humanos, elfos y enanos. Nos presenta un sistema de magia complejo, bien desarrollado, con ramificaciones y, algo que no es tan habitual como debería, bien integrado en el esquema social y cultural. La Maña, uno de los tipos de magia de los cuáles Traspié es portador, nos regala algunas de las escenas más preciosas y, al menos en mi caso, la certeza de que aceptaría vivir de incógnito a cambio de poder experimentarlo.

Al final, tenemos un conjunto muy sólido y disfrutable al máximo, de los que te hacen olvidarte de la vida real. Ahora que me he adentrado en este mundo, me dispongo a empezar por el principio con la Trilogía del Vatídico, la primera de este universo, y dejarme llevar a donde quiera la autora con los ojos cerrados.

Te gustará si te gustó ‘El nombre del viento’ de Patrick Rothfuss.

Mi versión de la portada:

‘Lincoln en el Bardo’ de George Saunders

Título original: Lincoln in the Bardo

Año de publicación: 2017

Nº de páginas: 440

Editorial: Seix Barral

Febrero de 1862. En medio de la sangrienta guerra civil que divide al país en dos, el hijo de doce años del presidente Lincoln está gravemente enfermo. En cuestión de pocos días, el pequeño Willie muere y su cuerpo es trasladado hasta un cementerio en Georgetown. Los periódicos de la época recogen a un Lincoln deshecho por la pena que visita la tumba en varias ocasiones para guardar el cuerpo de su hijo.
A partir de este hecho histórico, Saunders despliega una historia inolvidable sobre el amor y la pérdida que se adentra en el territorio de lo sobrenatural, allí donde tiene cabida desde lo terrorífico hasta lo hilarante. Willie Lincoln se halla en un estado intermedio entre la vida y la muerte, el llamado Bardo según la tradición tibetana. En este limbo, donde los fantasmas se reúnen para compadecerse y reírse de lo que dejaron atrás, una lucha de dimensiones titánicas surge de lo más profundo del alma del pequeño Willie. 

En este libro he encontrado una de las estructuras y perspectivas más particulares que he leído últimamente. La premisa que nos plantea el autor se va desvelando desde las primeras páginas a través de un equilibro perfecto entre la normalidad y lo inaudito.

Gracias a las diferentes voces que componen la narración, pronto somos conscientes de la poca fiabilidad de los testimonios recogidos y de las muchas dimensiones que adquieren la vida, la muerte y todo lo que hay en medio para las distintas personas que aportan su visión, tanto en el plano de los vivos, como en el de esos otros que no tienen muy claro dónde se encuentran.

Pasó media hora más y el señor Lincoln aún no había aparecido. Si yo estuviera en su pellejo, pensé, tal vez continuaría cabalgando y ya no volvería atrás nunca, hasta encontrarme de regreso en el Oeste y llevando una vida menos importante y problemática. Después de que dieran las tres, empecé a pensar que tal vez fuera eso lo que él había hecho.

Poco a poco vamos averiguando el motivo por el cual cada uno de los habitantes del cementerio aún no ha querido o no ha sabido cómo seguir adelante y este es, en mi opinión, el eje principal del libro y el elemento que aporta más color. De un modo u otro, todos se aferran a “lo de antes” con uñas y dientes hasta que la evidencia los arrolla de lleno. A mi modo de ver, el papel que juega el hijo de Lincoln en esta transformación es quizás el hilo menos consistente, si es que se puede hablar de consistencia en el bardo/limbo. Las reflexiones del propio Abraham Lincoln acerca del dolor por la muerte de su hijo y por esas otras miles de muertes que sus propias decisiones están desencadenando tienen mucho más peso.

¿Cómo podría haber hecho otra cosa, si el tiempo solamente fluye en una dirección y yo había nacido como había nacido, con mi mal genio y mis ideas sobre la virilidad y el honor, con mi historial de que mis tres hermanos mayores casi me mataran a palizas de niño, con aquel rifle que se vería tan hermoso en mis manos y unos enemigo que parecían tan odiosos?

El planteamiento extraordinario de esta historia nos brinda la posibilidad de experimentar situaciones igualmente extraordinarias, como la capacidad de habitar el mismo espacio que otro cuerpo y escuchar, ver y sentir los pensamientos de la otra persona. Un acto íntimo, mágico y violento a partes iguales que es a su vez la herramienta perfecta para integrar en la narración el testimonio de los vivos.

Luego se puso de pie y se dirigió rápidamente hacia la puerta. […] Y se movió tan deprisa que nos atravesó antes de que pudiéramos apartarnos. […] Y volvimos a conocerlo fugazmente.

Esta lectura ha sido una grata sorpresa y, si bien no creo que sea un libro perfecto, merece mucho la pena darle una oportunidad y explorar esta idea tan fuera de lo común.

Mi versión de la portada: