‘Medio sol amarillo’ de Chimamanda Ngozie Adichie

Título original: Half of a Yellow Sun

Año de publicación: 2006

Nº de páginas: 544

Editorial: Mondadori

Nigeria, 1960. En un ambiente de caos total, en plena guerra civil, tres personajes atrapados en una orgía de violencia intentan buscar respuesta a unos sucesos políticos que les sobrepasan. La muerte de los seres queridos, los lazos étnicos, el trastocamiento de la moral ante el crimen y el amor en medio de la guerra, configuran las líneas maestras de este sentido relato sobre un país al borde de la locura. 

Me parece un regalo absoluto poder leer en las palabras de una autora maravillosa el relato de un acontecimiento tan relevante y que sin embargo nos queda tan lejos. Este libro es una gran ventana a una cultura diferente a la nuestra que, sin embargo, se acaba mostrando tan similar en lo esencial como cabría esperar.

Es genial la forma que tiene la autora de descubrirnos a los personajes, parte a parte, obteniendo de cada uno de ellos algo más aún cuando parecía que la imagen ya era fija. No nos cuenta: este es su pelo, así es su sonrisa, se sienta en esta postura; sino que en cambio recibimos: este es su miedo a parecer distinto, así habla cuando sabe que no lleva razón, duerme fuera porque no conoce el motivo de su enfado. Es una narración de emociones vivas, que estremece y reconforta a partes iguales.

Los tres puntos de vista sobre los que se cimenta la historia terminan por aportar objetividad a un conflicto capaz de fragmentar un país. Los avatares de la guerra se mezclan con los descubrimientos personales de la madurez, que llegan bajo muchas formas y colores para sacudir fuertemente a los personajes hasta dejarlos instalados en una extraña calma lúcida.

Es uno de esos libros que uno termina de leer con la sensación de haber conocido a alguien y haber estado hablando durante muchas horas. Un ejemplo perfecto de cómo la literatura puede pulverizar fronteras. Después de leer algunos de los relatos de Chimamanda Ngozie Adichie, esta novela viene a confirmar lo merecidísimo de los elogios que recibe su obra.

Mi versión de la portada:

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‘Manhattan Transfer’ de John Dos Passos

Año de publicación: 1925

Nº de páginas: 448

Editorial: DeBolsillo

En Nueva York, Jimmy Herf, huérfano de padre y madre, es adoptado por su tío, y desde muy joven empieza a trabajar como periodista. Después combate en la guerra, se enamora y casa con Hellen Thatcher, una actriz divorciada que le abandona por un rico abogado cuando Jimmy pierde el trabajo y se ve obligado a vivir pobremente, hasta que un día en una reunión de amigos anuncia que va a dejar la ciudad.
Esta espléndida novela cuenta cómo el protagonista, rodeado de cientos de personas que viven en su ciudad, que actúan junto a él y a veces se cruzan con él, intenta vivir en Nueva York durante los años que anteceden y siguen a la Primera Guerra Mundial.

En este libro no hay un protagonista claro (Nueva York, quizás) sino una miríada de voces que se entrelazan a través del tiempo y de las que somos testigos durante pequeñas ventanas abiertas. La estructura misma de la narración refleja a la perfección la vida frenética de la gran ciudad: los personajes pasan ante nuestros ojos una y otra vez, pero el número de ellos y la velocidad a la que ocurre todo nos deja confusos en más de una ocasión. Las constantes interrupciones del relato funcionan como una especia de violencia que afecta tanto al lector como a los protagonistas. Nunca se nos plantea nada de manera directa sino que vamos percibiendo los diferentes dobleces a través de gestos sugeridos y medias palabras. La amplia gama de profesiones, estratos sociales y creencias que abarca nuestra galería de actores nos regala un retrato milimétrico de un lugar y un tiempo concretos.

Se trata de una historia melancólica en la que, antes o después, cada personaje se encuentra ante una pared que no sabe cómo traspasar. Nueva York es implacable, majestuosa y difícil de tratar. Las relaciones de amor y odio que despierta la ciudad quedan reflejadas en la imposibilidad continuamente retratada de dejarlo todo y marcharse lejos. La situación social y laboral imperante lo cubre todo con un tinte de desesperanza que cambia de color según quién esté narrando.

El broche de oro de esta novela lo pone Jimmy cuando, tras una serie de años de rumbo incierto, decide tomar su camino hacia las afueras y ver a dónde le lleva. Queda la incógnita de saber si realmente encontró algo más allá o si inevitablemente volvió sobre sus pasos a su querida y odiada Nueva York.

Mi versión de la portada:

‘A Wrinkle in Time’ de Madeleine L’Engle

Año de publicación: 1962

Nº de páginas: 211

Editorial: Yearling Books

Título en español: Una arruga en el tiempo

It was a dark and stormy night; Meg Murry, her small brother Charles Wallace, and her mother had come down to the kitchen for a midnight snack when they were upset by the arrival of a most disturbing stranger.

“Wild nights are my glory,” the unearthly stranger told them. “I just got caught in a downdraft and blown off course. Let me be on my way. Speaking of way, by the way, there is such a thing as a tesseract”.

Meg’s father had been experimenting with this fifth dimension of time travel when he mysteriously disappeared. Now the time has come for Meg, her friend Calvin, and Charles Wallace to rescue him. But can they outwit the forces of evil they will encounter on their heart-stopping journey through space? 

Una mezcolanza de ciencia ficción y fantasía, física y cuento de hadas, que resulta ser una combinación la mar de apetecible. Teniendo como punto de partida una familia de lo más particular y un nuevo amigo al que acogen con los brazos abiertos, nos embarcamos en una aventura insólita para rescatar a Mr. Murry, el científico y padre de familia que se ha perdido en el espacio exterior.

El estilo narrativo de esta autora tiene un carácter especial: a pesar de ser un libro infantil, el lenguaje se vuelve crudo y desnudo a veces, contrarrestándolo siempre después con un nuevo soplo de fantasía. Las tres brujas, el cerebro malvado que controla a los habitantes de Camazotz, los seres peludos y tranquilos que habitan el planeta de Ixchel, el encanto magnético de Charles Wallace; todos ellos derrochan imaginación y carisma a partes iguales. La protagonista, sin embargo, es una niña insegura con problemas de atención en el colegio y un don para las matemáticas, convirtiéndose en el nexo perfecto entre lo ordinario y lo extraordinario.

Pueden dejarse ver muchas pequeñas moralejas a lo largo de la historia, pero al final no hay un mensaje claro: el relato se sostiene en la mágica combinación entre fantasía y realidad que la autora ha sabido calibrar a la perfección.

Una iniciación perfecta a la ciencia ficción para los más pequeños y un bocado literario exquisito para los adultos.

Mi versión de la portada: