‘Las nieblas de Avalón’ de Marion Zimmer Bradley

Título original: The Mists of Avalon

Año de publicación: 1982

Nº de páginas: 864

Editorial: Salamandra

En mi vida me han llamado de muchas maneras: hermana, amante, sacerdotisa, hechicera, reina. Ahora, ciertamente, soy hechicera, y acaso haya llegado el momento de que estas cosas se conozcan. Pero, a decir verdad, creo que serán los cristianos quienes digan la última palabra, pues el mundo de las hadas se aleja sin pausa del mundo en el que impera Cristo. No tengo nada contra Él, sino contra sus sacerdotes, que ven un demonio en la Gran Diosa y niegan que alguna vez tuviera poder en este mundo. A lo sumo, dicen que su poder procede de Satanás. O bien la visten con la túnica azul de la señora de Nazaret (que también, a su modo, tenía poder) y dicen que siempre fue virgen. Pero ¿qué puede saber una virgen de los pesares y tribulaciones de la humanidad? Y ahora que el mundo ha cambiado, ahora que Arturo (mi hermano, mi amante, el rey que fue y el rey que será) yace muerto (dormido, dice la gente) en la sagrada isla de Avalón, es necesario contar la historia tal como era antes de que llegaran los sacerdotes del Cristo Blanco y lo ocultaran todo con sus santos y sus leyendas.

Ha sido una verdadera delicia descubrir los recovecos de la leyenda del Rey Arturo a través de este libro. La perspectiva femenina nos brinda una nueva lupa con la que mirar las historias de reyes, caballeros y druidas, normalmente contadas en las voces de ellos. Nos adentramos en el mito popular con espacio suficiente para batallas, dragones y herederos al trono pero también para la maternidad, el deseo sexual y el poder de las fuerzas de la naturaleza.

El estilo de la autora nos lleva de una esquina a la otra del escenario y de los pensamientos de un personaje a otro con la mayor fluidez y sabiendo dejar abiertas en cada caso las ventanas precisas. Morgana, la visión principal de la historia, se nos presenta a sí misma como un personaje lleno de matices, dudas y pesares pero, a la vez, también obtenemos la visión que de ella tienen los demás: la de una mujer poderosa, fuerte e implacable. Esta perspectiva se completa con las de Igraine, Viviana, Morgause y Ginebra, quienes, cada una a su manera y con las herramientas que tiene a mano, cambiarán el curso de los acontecimientos para defender sus creencias.

La continua lucha entre lo cristiano y lo pagano que se desarrolla durante toda la historia representa una lucha mucho más fundamental: la de lo masculino y lo femenino en una pugna infinita por dominar la realidad. Morgana y Morgause (e incluso Igraine, quien en su lecho de muerte renegará de su vida como mujer cristiana) representan la fuerza de la diosa de Avalón, su poder de autodeterminación y generación de vida. Por su parte, Ginebra es el estandarte de la fe cristiana, depositando su autonomía en manos de los hombres que la rodean, ya sea en las de su rey, su amante o su sacerdote. Esta continua oposición da lugar a las confrontaciones más feroces pero también a no pocos momentos íntimos en los que cada una de ellas se planteará las bases de su propia ideología.

En mi opinión, tiene la magia de esos libros que, aún siendo extensísimos, podrían dar cabida a más páginas y la experiencia sería aún mejor. Muy recomendado para los que ya están familiarizados con la leyenda artúrica pero también como una forma diferente de acercase a ella por primera vez.

Mi versión de la portada:

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‘Pequeños fuegos por todas partes’ de Celeste Ng

Título original: Little Fires Everywhere

Año de publicación: 2017

Nº de páginas: 352

Editorial: Alba

En Shaker Heights, una tranquila y próspera zona residencial de Cleveland, todo está planeado, desde el trazado de las carreteras, hasta el color de las casas, incluso el éxito de la vida futura de sus vecinos. Nadie encarna mejor este espíritu que Elena Richardson, cuya vida se rige por un principio fundamental: jugar siempre dentro de las reglas sociales. Cuando Mia Warren –una artista enigmática con un pasado misterioso– llega a esta idílica burbuja con Pearl, su hija adolescente, empieza la historia que las colocará a ambas en dos extremos dramáticamente opuestos.

La lectura de este libro me ha recordado inevitablemente a ‘Las vírgenes suicidas’ de Jeffrey Eugenides. Si bien las diferencias son muchas, la extraña atmósfera melancólica en la que, de vez en cuando, resalta una nota disonante es muy similar. Se trata de una novela de personajes en la que todos tienen algo que aportar, tanto a nivel individual como colectivo; la sociedad de Shaker Heights en conjunto (y su doble moral) acaba convirtiéndose en uno de los actores principales.

Es verdad que el retrato de algunos de los personajes puede parecer un tanto superficial, definidos por un par de rasgos principales y motivados por una sola meta. Sin embargo, vale la pena reflexionar sobre si este hecho puede deberse a la visión de las cosas de la propia Elena Richardson, quien, a pesar de no ser la narradora de esta historia, parece derramar su filtro sobre todos los demás. Hacia el final del libro, vemos como sus convicciones empiezan poco a poco a resquebrajarse.

Él era un muchacho apuesto y alegre, pero nunca pasaba de la superficie de las cosas, y la señora Richardson no tenía la menor idea de lo que le podía haber gustado de Pearl. ¿Sería Trip más complejo de lo que parecía? No paró de preguntárselo en todo el trayecto hasta la redacción.

En contraposición a esta visión encauzada tenemos la mirada de Mia que, inevitablemente, actúa como una herramienta afilada que viene a dejar al descubierto lo que ocurre tras las cortinas, dentro de las papeleras y a la hora a la que todos están fuera. Juntas, Mia y Pearl entran en la vida de los Richardson como un soplo de aire fresco peligrosamente cerca de un gran castillo de naipes.

La relación entre Mia y la señora Richardson y las impresiones que cada una de ellas tiene de la otra son, sin duda, el pilar fundamental de esta historia. Para Mia, Elena representa mucho de lo que dejó atrás y nunca quiso. Para Elena, Mia es un recordatorio incómodo de una chispa que albergaba en su interior y que acabó apagando voluntariamente a favor de una vida ordenada. La presencia de la inquilina pasa de ser una oportunidad para reafirmarse en sus decisiones a un recordatorio incómodo disfrazado de indignación.

En la foto, los fragmentos de barrote se curvaban hacia fuera con elegancia, como pétalos de crisantemo, y en el centro de la jaula había una pequeña pluma dorada. Un ser se había liberado, había salido volando. A Mia, cuando enmarcaba la foto, no se le había ocurrido nada mejor que desearle eso a la señora Richardson.

El fuego que prende Izzy, que sirve como punto de partida y cierre de la novela, actúa como evidencia de lo que cada vez es más obvio: ya antes de su arrebato existían pequeños fuegos por todas partes, consumiendo el oxígeno poco a poco y a un solo paso de arrasar con todo.

No es un libro perfecto pero, en mi opinión, está cerca en algunos sentidos. Tiene la profundidad y la longitud adecuadas para plantear todos los temas y dejar espacio al lector para que haga con ellos lo que quiera. La idea, por simple que parezca, de que la vida no puede ser una línea recta por más que nos empeñemos, adquiere en esta historia un nuevo volumen que puede ser admirado desde diferentes perspectivas. Recomendadísima.

Mi versión de la portada:

‘Neverwhere’ de Neil Gaiman

Año de publicación: 1996

Nº de páginas: 384

Editorial: Roca

Neverwhere cuenta la historia de Richard Mayhew, un joven londinense con una vida ordinaria que cambia para siempre cuando se sumerge a través de los intersticios de la realidad en el subsuelo de Londres. Allí, como debajo de cada gran ciudad, existe un mundo desconocido e invisible, plagado de seres extraños, en el que sobrevivir dependerá de abrir las puertas adecuadas.

Vuelvo a Neil Gaiman para encontrarme con otra dosis de lo que sabe hacer mejor: mezclar el mundo real con el mundo imaginado hasta que los límites se diluyen y son imposibles de separar. En este caso, el mapa de la ciudad de Londres se funde con el mapa de sus alcantarillas para formar un todo extraordinario e irresistible. La brusquedad con la que somos introducidos en esta nueva cara de la realidad no hace sino corroborar lo que nos cuentan los personajes de Londres de Abajo: que siempre han estado ahí aunque nosotros no lo supiéramos.

El retrato cultural de esta ciudad bajo la ciudad que se desarrolla a lo largo de todo el libro es, sin duda, lo que más he disfrutado en esta lectura. El estrambótico Mercado Ambulante y sus localizaciones, a cuál más sorprendente; la relación de los habitantes con las estaciones de metro y la historia que se desarrolla en torno a ellas; los diferentes clanes en los que se divide la población del Lado Subterráneo y sus particularidades… El argumento se ha convertido para mí en una simple excusa para descubrir el siguiente escenario.

En el estilo habitual del autor, este derroche de fantasía se ve plagado, de repente y sin aviso, de elementos siniestros y sombras por todos los rincones. Si bien la acción se desarrolla a un ritmo trepidante que no deja espacio a demasiadas profundidades y una gruesa capa de humor negro lo cubre todo, se encuentra siempre al borde de algo más oscuro que solo entrevemos por momentos.

No estoy segura de que se pueda llamar moraleja, pero el mensaje final del libro engloba a la perfección, en mi opinión, el sentido de esta historia y de la obra de Gaiman en general: merece la pena pasar por raro o loco a cambio de vivir en un mundo (ya sea interior o no) en el que lo más asombroso puede esperarte a la vuelta de la esquina.

Aunque suelo acercarme a las series de libros con cierta suspicacia, creo que este es el ejemplo perfecto de una historia (o más bien un mundo) abierta de par en par a muchas más entregas. Si algo he echado en falta ha sido más profundidad y más detalles del maravilloso Londres de Abajo. Parece ser que el autor ya prepara una segunda parte, a la que estaré encantada de hincarle en diente en cuanto vea la luz.

Mi versión de la portada: