‘Nunca me abandones’ de Kazuo Ishiguro

nuncameabandones

Título original: Never Let Me Go

Año de publicación: 2005

Nº de páginas: 360

Editorial: Anagrama

A primera vista, los jovencitos que estudian en el internado de Hailsham son como cualquier grupo de adolescentes. Practican deportes, tienen clases de arte y descubren el sexo, el amor y los juegos del poder. Hailsham es una mezcla de internado victoriano y de colegio para hijos de hippies de los años sesenta donde no dejan de repetirles que son muy especiales, que tienen una misión en el futuro, y se preocupan por su salud. Los jóvenes también saben que son estériles y que nunca tendrán hijos, de la misma manera que no tienen padres. Kathy, Ruth y Tommy fueron pupilos en Hailsham, y también fueron un juvenil triángulo amoroso. Y ahora, Kathy se permite recordar Hailsham y cómo ella y sus amigos descubrieron poco a poco la verdad. Y el lector de esta novela, utopía gótica, irá descubriendo con Kathy que Hailsham es una representación donde los jóvenes actores no saben que sólo son el secreto terrible de la buena salud de una sociedad.

Estamos ante un libro que es una rara avis en muchos aspectos. El desarrollo de la historia nos lleva, a través de los recuerdos de Kathy, a conocer la vida de un puñado de estudiantes en un internado inglés y sus andanzas posteriores. Aún siendo este el principal componente de la historia, no podemos obviar que tiene lugar en el seno de una sociedad insólita, cuyos mecanismos se van desplegando ante nuestros ojos y entrelazándose poco a poco con el destino de los protagonistas. Sin embargo, estos detalles solo se nos revelan de manera secundaria. Son simplemente la época y las circunstancias en las que les ha tocado vivir.

Es una novela con un marcado tinte melancólico y un ritmo lento que nos conquista desde la primera página. Ishiguro consigue, a través de las anécdotas narradas por Kathy, presentarnos a los personajes con una profundidad y un realismo casi tangibles. El escenario un tanto onírico del internado nos regala escenas y ambientes que a veces parecen postales de algún sitio lejano. El tabú del sexo en la adolescencia temprana se diluye y prácticamente se elimina en favor de ese otro tabú que los hace especiales, aquello de lo que es mejor no hablar. Todos los acontecimientos están cubiertos por un velo de delicadeza y ternura pero, a pesar de ello, no podemos evitar una sensación continua de desasosiego, de que algo oscuro se mueve detrás.

La realización paulatina del porvenir de los protagonistas tiene una fuerza desgarradora. El autor ha sabido guiarnos a través de este descubrimiento de la mejor manera posible: dándonos alguna información fragmentada y dejando que nuestra imaginación complete el resto. La inevitabilidad de lo que ha sido planificado para ellos nos lleva, como a Tommy, a querer gritar de frustración en medio de la nada.

Si ‘El cuento de la criada’ de Margaret Atwood y ‘Tokio Blues’ de Haruki Murakami tuvieran un hijo, sería este libro.

Mi versión de la portada:

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