‘Tiempo de odio’, ‘Bautismo de fuego’, ‘La torre de la golondrina’ y ‘La dama del lago’ de Andrzej Sapkowski

Títulos originales: Czas pogardy; Chrzest ognia; Wieża Jaskółki; Pani Jeziora

Años de publicación: 1995; 1996; 1997; 1999

Nº de páginas: 272; 256; 336; 464

Editorial: Alamut

Ilustración de portada: Alejandro Colucci

Diseño de portada: Alejandro Terán

 

Estos últimos libros de la saga de Geralt de Rivia merece la pena leerlos y reseñarlos seguidos, ya que prácticamente no hay división marcada entre ellos ni formal ni argumentalmente.

En el desarrollo de estos volúmenes nos vemos confrontados de manera cada vez más evidente con la que parece ser una de las ideas clave de la historia: la división entre monstruo y humano (o elfo, enano, mediano…) es cada vez más difusa. La guerra entre el norte y el sur nos muestra las atrocidades de las que son capaces las personas mientras que los monstruos aparecen cada vez más humanizados. La aparición estelar del
vampiro Emiel Regis nos lo confirma. Para mí, ha sido uno de los personajes más carismáticos de la saga. La analogía que establece el autor entre el alcoholismo y su adicción a la sangre es simplemente genial.

Otro elemento a destacar es la escena de la sopa de pescado, durante la cual la pintoresca compañía del brujo (una arquera, un vampiro, un bardo y un nilfgaardiano que niega serlo) le da una lección de educación y compañerismo. En mi opinión, uno de los momentos más emblemáticos –sin dejar de lado, por supuesto, algunos de los más emotivos- de la segunda mitad de la saga. La conversación, como siempre magistral,
desnuda a los personajes creando un repentino entendimiento entre todos ellos y pasando por encima de todas sus diferencias.

Recuerdo a aquéllos que no lo recuerden que este mismo brujo Geralt, ahora armado caballero, era perseguido por los órganos de seguridad de los todos Cuatro Reinos en relación con la rebelión de los magos en la isla de Thanedd. A mí, persona inocente y limpia como una patena, se me intentaban colgar acusaciones de espionaje. A ello habría que añadir a Milva, colaboracionista con las dríadas y los Scoia’tael, mezclada, como resultó, en las matanzas de humanos en los alrededores del bosque de Brokilón. Y a eso hay que agregar a Cahir aep Ceallach, nilfgaardiano, ciudadano de una nación lo quieras o no enemiga, cuya presencia en la parte impropia no hubiera sido fácil de explicar ni de justificar. Se daba la circunstancia de que la única persona de nuestro grupo cuyo curriculum vitae no lo afeaban asuntos políticos ni criminales era un vampiro.

También tenemos en estos libros el placer de ver cómo el personaje de Yennefer se despoja cada vez más a menudo de su aura de frialdad y altivez. En ‘Tiempo de odio’ somos testigos, quizás por primera vez, del amor que realmente siente por Geralt y en ‘Bautismo de fuego’ nos deja claro que la ausencia de Ciri la hace sufrir hasta unos niveles que son difíciles de ocultar.

Cada vez es más marcado el hecho de que los libros son conscientes de sí mismos: la aparición del viejo Silbón, contando la historia del brujo a los niños del pueblo, muchos años después y con un cariz indiscutible de leyenda, nos arroja a la cara una nueva perspectiva que, después de haber estado absortos en el tiempo presente tanto tiempo, casi nos duele. Otro fragmento que contribuye a esta idea es aquel en que el arqueólogo Schliemann (esta vez la bofetada es aún más grande), encuentra los manuscritos de Jaskier muchos siglos después.

“No sabemos mucho del amor. Con el amor es como con la pera. La pera es dulce y tiene forma. Intentad definir la forma de la pera.”

Jaskier, Medio siglo de poesía

Finalmente, en ‘La dama del lago’ esta idea se desarrolla hasta sus últimas consecuencias: Ciri es la Señora del Tiempo y el Espacio y como tal puede viajar entre las diferentes dimensiones, encontrándose con los personajes, paisajes y épocas más pintorescos. La introducción de la leyenda artúrica juega también un papel importante: Nimue, una hechicera que reside en un futuro remoto, cuando las historias de Ciri y Geralt ya son leyendas antiguas, ha entendido más allá de la ficción y proporciona a Ciri una ayuda incalculable mostrándole el camino al tiempo y el espacio correctos que la llevarán a reunirse de nuevo con los suyos.

La narración de la batalla de Brenna se despliega ante nuestros ojos con una cualidad casi tangible gracias a las perspectivas de los diferentes narradores: la de un bando, la del otro, la de los que están en medio, la de los que cuidan a los heridos y la de Jarre, que escribe su crónica muchos años después.

Tras el capítulo de la batalla en el castillo de Vilgefortz, de los más conmovedores, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos cuál es el tema más esencial de toda esta serie de libros: la predestinación sólo funciona si se cree en ella y se actúa en consecuencia.

Estamos ante una historia inmensa con infinidad de personajes, todos ellos bien definidos, carismáticos a su manera, incluso aunque su aparición sea fugaz, que entretejen sus acciones en el pasado, presente y futuro, bebiendo de numerosas historias que ya conocemos. Los constantes guiños del autor a estos mundos paralelos, además de sacarnos más de una sonrisa, cobran un nuevo sentido cuando descubrimos el talento de Ciri.

Al otro lado de estas puertas –Nimue le señaló con descuido- está el laboratorio. Como se ha dicho, puedes usarlo como prefieras. Por supuesto, con la recomendable cautela. Se aconseja moderación, sobre todo si se intenta obligar a una escoba a traer agua.

Condwiramurs rió por cortesía, aunque la broma estaba ya muy gastada. Todas las profesoras agasajaban a sus discípulas con chistes relacionados con los míticos apuros del aprendiz de nigromante.

Otro rasgo de esta serie de libros bastante difícil de encontrar en el género fantástico es la ausencia de explicaciones encubiertas. En la obra de otros autores es bastante común encontrar diálogos en los que, convenientemente, un personaje le recuerda a otro cómo funciona tal encantamiento o cuáles son las principales fronteras. Sapkowski no necesita ese recurso para mantener nuestra atención en la trama. En muchos puntos no entendemos al completo qué está ocurriendo, especialmente durante los primeros pasajes en los que se habla de política: nos puede resultar confuso quién está en guerra con quién, quiénes son aliados y quiénes enemigos. Precisamente en esto reside parte de la maestría de esta historia: cada personaje tiene conocimiento sólo de una parte de la realidad –como en la vida misma- y el lector es, simplemente, uno más.

Ambos finales, tanto el del último libro, como el del relato que lo acompaña, nos dejan con un buen sabor de boca y con pena por no poder seguir leyendo más. La narración de la boda nos regala un último encuentro con todos los personajes, volviendo a mostrarnos de cada uno de ellos sus cualidades más entrañables. El título de este relato anexo, ‘Algo termina, algo comienza’,  es especialmente significativo. La historia ya ocurría cuando nosotros empezamos a leer y seguirá ocurriendo más allá de lo que nos está permitido conocer. No ha habido un principio ni un final sino que simplemente hemos sido testigos de algo que ocurrió, está ocurriendo y ocurrirá en otro tiempo y otro lugar.

En resumen, una serie de libros magnífica, de esas para releer a lo largo de los años, que debe ocupar un lugar destacadísimo dentro del género fantástico y que quizás aún no ha recibido toda la atención que se merece.

Mi versión de la portada:

‘Una vacante imprevista’ de J.K. Rowling

Título original: The Casual Vacancy

Año de publicación: 2012

Nº de páginas: 601

Editorial: Salamandra

La historia de esta primera obra de Rowling para adultos se centra en Pagford, un imaginario pueblecito del sudoeste de Inglaterra donde la súbita muerte de un concejal desata una feroz pugna entre las fuerzas vivas del pueblo para hacerse con el puesto del fallecido, factor clave para resolver un antiguo litigio territorial.

La minuciosa descripción de las virtudes y miserias de los personajes conforman un microcosmos tan intenso como revelador de los obstáculos que lastran cualquier proyecto de convivencia, y, al mismo tiempo, dibujan un divertido y polifacético muestrario de la infinita variedad del género humano. 

Un estudio genial de personajes que conviven en el marco común de un pueblecito inglés. Aunque en un principio nos puede resultar confusa la larga sucesión de nombres y caracteres que pasan ante nuestros ojos durante los primeros capítulos, pronto empezamos a reconocer las luces y sombras que definen a cada actor y a intuir la intrincada red de relaciones que se teje entre ellos. La autora ha sabido dosificar la información para que este descubrimiento de los dobleces más profundos de cada uno se extienda prácticamente hasta el final.

Las diferentes clases sociales, convicciones políticas y hasta las creencias más íntimas quedan expuestas bajo una luz tan fuerte que a veces tenemos la sensación de aventurarnos más allá de lo que debiéramos en nuestra condición de espectadores. La muerte de Barry Fairbrother y la consiguiente pugna por su puesto vacante en el concejo municipal son solo una excusa que la autora, casi irónicamente, ha usado a modo de cimientos de esta construcción. Durante la lectura somos continuos testigos de los prejuicios, las envidias, la violencia incluso, pero también las ganas de vivir y de seguir delante de todos y cada uno de los personajes.

Es un libro con el que nos podemos sentir identificados muy probablemente en alguno de sus aspectos y que, a pesar de su seriedad, nos sacará también más de una sonrisa. Como muestra: ese momento del funeral del concejal cuando, por deseo de las chicas de su equipo de remo, suena Umbrella de Rihanna para acompañar la salida del féretro.

Los asistentes fueron saliendo lentamente de la iglesia, reprimiéndose para no caminar al ritmo de la música.

Una sorpresa muy agradable descubrir esta cara más adulta de J.K. Rowling y comprobar que sigue manteniendo su dominio de la visión global de una historia.

Mi versión de la portada:

Fragmento de una obra de David Hockney (1937 -)

‘El último encuentro’ de Sándor Márai

Título original: A gyertyák csonkig égnek

Año de publicación: 1942

Nº de páginas: 192

Editorial: Planeta

Dos hombres mayores, que de jóvenes habían sido amigos inseparables, se citan a cenar tras cuarenta años sin verse. Uno ha pasado mucho tiempo en Extremo Oriente, el otro, en cambio, ha permanecido en su propiedad, un pequeño castillo de caza en Hungría, que ha perdido el esplendor de antaño. Pero ambos han vivido a la espera de este momento, pues entre ellos se interpone un secreto de una singular fuerza. Todo converge en un duelo sin armas, aunque tal vez mucho más cruel, cuyo punto en común es el recuerdo imborrable de una mujer.

Es un libro intimista, breve, que nos deja con la sensación de haber asistido a algo tan privado y tan secreto que no deberíamos comentarlo con nadie. El reencuentro de dos amigos, cuarenta y un años después de haberse visto por última vez, nos catapulta hacia la crónica de una vida entera, de todas las dudas y los pesares que caben en ella o el tamaño desmesurado de los pocos que realmente caben.

La atmósfera en la que se desarrolla el rescate de estos recuerdos es a la vez acogedora, cálida y densa de emociones punzantes. El escenario físico parece acompañar a la conversación en todo momento, oscureciéndose cada vez más: un salón majestuoso en un viejo castillo, un apagón y las velas que se consumen poco a poco dando paso a luz de un nuevo día.

La fuerte amistad que une a los dos hombres desde su infancia, a pesar de estar lastrada con el dolor de una traición, los ha llevado a lo que ambos sabían inevitable durante todos estos años de distancia: que habrían de verse una vez más para decirse, mediante la palabra o el silencio, aquello que quedó por decir.

Y ahora tengo que decirte algo de lo que he tardado en darme cuenta, porque no me lo creía y lo negaba ante mí mismo; tengo que darte una sorpresa terrible, tengo que hacerte una revelación: tú y yo seguimos siendo amigos. Parece que ninguna fuerza exterior puede modificar las relaciones humanas. Tú has matado algo en mí, has destruido mi vida, y yo sigo siendo amigo tuyo. Y yo ahora, esta noche, estoy matando algo en ti, y luego dejaré que te marches a Londres, al trópico o al infierno, y seguirás siendo amigo mío.

La tensión aumenta página tras página de confesiones, por parte de uno vaciándose de todas las ideas que ha acumulado durante años, por parte del otro, callando y recibiéndolas sin hacer ningún juicio, dejando a su interlocutor –al lector- la libertad de interpretar si este silencio confirma o desmiente. De una forma u otra, el avance es imparable. Esta tensión que va escalando con cada nueva revelación y que culmina en la formulación de dos preguntas, se disuelve finalmente sin hacer ruido, dejando el escenario como si nunca hubiera estado presente.

A pesar de tanto tiempo de espera empleado en construir un complicado castillo de acusaciones (mientras el suyo propio se desmorona a su alrededor), la venganza del general se evapora ante un muro de certezas: han pasado demasiados años que no se pueden recuperar, ambos se encuentran cerca del final de su vida y ya no queda, después de este encuentro, mucho más que decir.

En esta lectura entrevemos ese algo mayor que cambia de forma en cada uno de nosotros pero que es común a todos los seres humanos y que es tan difícil reflejar en palabras. Una de esas obras maestras por las que hay que estar agradecidos.

Te gustará si te gustó ‘La impaciencia del corazón’ de Stefan Zweig.

Mi versión de la portada: